Palabras con Historia (III): Teocentrismo


Todos los humanos tenemos una forma concreta de pensar y con la cual dirigimos y nos enfrentamos a nuestra vida. Muchos son los filósofos y psicólogos que han reflexionado sobre ello y han sacado decenas de nombres y teorías para definirlas.

Los humanos, sin embargo, funcionamos principalmente en sociedad. Dependemos unos de otros para vivir y lo que ocurre en un país, un continente, el mundo, no puede entenderse sin los movimientos de la sociedad en conjunto.

Así pues, la época histórica, el clima, la geografía, la forma de pensar de los pueblos y sus gobernantes, la economía o las costumbres condicionan también cómo piensa la sociedad.

Una de las formas en las que se rigen las sociedades es el teocentrismo, que vamos a definir y comentar en esta entrada.

Etimología


La historia de esta palabra es sencilla. Como casi todas las palabras que tienen que ver con doctrinas filosóficas o religiosas, esta se compone de raíces griegas.

En primer lugar, tenemos el vocablo theos, que significa “dios”. En segundo lugar, le sigue la raíz “kentron”, que hace referencia al centro de un círculo. Por último, tenemos el sufijo –ismo que sirve para sustantivar corrientes o doctrinas filosóficas.

Definición


En primer lugar, hay que decir que el teocentrismo es una corriente de pensamiento que pone a Dios por encima de todas y cada una de las cosas. Esto quiere decir que Dios es el principio y el final, el centro del universo, y su poder lo rige todo. Rige incluso nuestras vidas.

La razón que se aduce para ello es la de la “voluntad divina”, que incluso hoy en día se escucha en los círculos religiosos. Dios y sus designios inescrutables es la razón por la que pasan todas y cada una de las cosas.

Este modo de pensar, aunque puede darse en cualquier territorio, sociedad y época, se asocia principalmente con la Edad Media en Europa. Desde el auge del cristianismo a finales del Imperio Romano (s. IV) hasta el Renacimiento (s. XVI), el pensamiento europeo estaba dominado por la idea de que Dios y la religión eran el centro de la vida y que todo, absolutamente todo, giraba en torno a ellos.

De esta manera, ciencia, tecnología, filosofía, psicología, historia e incluso la razón quedan en un segundo plano. Lo que se puede deducir, lo que se puede estudiar, lo comprobable, realmente no importa si no tenemos constancia de que Dios no lo ha establecido así.

De igual manera, esta creencia hizo que el arte, especialmente la pintura, la escultura y la literatura, giraran en torno a la religión. No solo para expandir y enseñar la doctrina cristiana, sino para reflexionar sobre ella, a veces cuestionarla, pero en mayor parte para poder esquivar la censura, que era mucha.

Esta manera de pensar terminó en el s. XV y fue arrasada por el antropocentrismo, que podemos decir que aún hoy nos domina. Para leer más sobre esta corriente de pensamiento, haz clic aquí.

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