Anécdotas romanas (XII): César Augusto y la Cámara Secreta



La pequeña ciudad de Velletri, un pequeño pueblo costero del centro de la península Italia, no supo, hasta casi tres décadas después, que en un momento de la historia acogió el nacimiento del que sería el primer Emperador de Roma.

Allí se remontaba la familia del que nacería bajo el nombre de Cayo Octavio Turino y que luego sería conocido simplemente como Augusto. Allí se escapaban, cada vez que podían, de los bullicios y los negocios de la Ciudad eterna.

Así, presumiblemente, muchos soles vio apagarse Augusto entre aquellas colinas y entre aquellas costas y tomó sus primeros alimentos entre las paredes de la casona que su familia había heredado de sus antepasados, que gozaban de la comodidad económica propia de su orden, el ecuestre.

Con el tiempo, toda la familia se mudó y los deberes de gobierno ataron al Emperador a la capital, por lo que la casa se puso en venta. Sin embargo, Augusto estuvo tocado por el hado, el destino, antes de su nacimiento, y algunos lugares en los que pasó gran parte de su vida se consideraban sagrados.

Uno de ellos, puesto que había sido el lugar donde había tomado sus primeras comidas, fue la pequeña cámara donde le lactaron. En los alrededores también se creía que había nacido allí, aunque muchos historiadores dicen que probablemente naciera en Roma.

En esta cámara, nos cuenta Suetonio, no era posible entrar a menos que fuese por extrema necesidad y con el mayor respecto, sin la intención de dañar la vivienda o la memoria del Emperador, ya que, si esto sucediera, el asaltante se vería fatigado por una mezcla de horror y de temor inexplicables. Así se creía y así se confirmó mediante el siguiente hecho.

Un día, después de que se vendiera la vivienda, el nuevo propietario intentó acostarse dentro de su nueva casa y en concreto en esta pequeña habitación. Inexplicablemente, al poco tiempo una fuerza sin nombre lo lanzó contra el techo y después lo arrojó delante de la puerta de la casa.

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