Anécdotas Romanas (IX): De cuando César lloró ante Alejandro Magno



¿Os imagináis que una personalidad como César, un hombre promovido por la ambición y que miraba siempre hacia delante, podía llegar a llorar? Pues parece que así fue, o eso nos cuenta Suetonio en su Vida de los Doce Césares.

En su libro, el docto historiador nos cuenta que César logró ser nombrado cuestor de la Hispania Ulterior en el año 69 a.C., momento en que tendría unos 32 años, y en una de sus actividades fue a la ciudad de Gades, actual Cádiz.

Allí había un templo dedicado a Hércules y, cerca de él, una estatua inmensa dedicado al inconmensurable Alejandro Magno, el gran general griego que había hecho de Grecia todo un imperio que llegaba hasta los lejanos confines de Asia.

César no dudó en visitar el sitio y presentar sus respetos a la representación inmortal del hombre que admiraba profundamente. Sin embargo, mientras la contemplaba, se dio cuenta de algo muy importante: ¡Alejandro Magno, a la edad de 33 años, había creado todo un imperio desde la pequeña Macedonia!

Este hecho le turbó profundamente, reprendiéndose no haber realizado nada digno de comparación. Así, acto seguido, dimitió de su cargo, que no confiara que le fuera a acarrear ningún tipo de gloria, y marchó de nuevo a Roma con la confianza de encontrar un asunto loable.

Fue otro historiador, Plutarco, quien le añadió más dramatismo al asunto, agregándole que lloró profundamente. Sin embargo, no lo atribuye a sus años de cuestor en Hispania, sino a sus años de pretor (63 a.C.), y que se dio cuenta cuando leía ciertas partes de una biografía de Alejandro Magno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario