lunes, 27 de octubre de 2014

Tutoriales GIMP 2 (IV): Dibujar flechas en GIMP 2 para Windows 7

¿Alguna vez, amigos, os habéis preguntado qué sería de un estudiante aplicado o de un buen profesor sin la posibilidad de usar una buena flecha? Personalmente, creo que le darían varios síncopes seguidos si, de repente, dejaran de existir.

Y es que cuando uno lleva sobreviviendo toda la vida a base de esquemas, fastidian que se los quiten, porque un esquema sin una flecha, es como una tortilla sin huevo, ¿verdad?

Así que hoy, en la cuarta entrega de nuestra particular serie de tutoriales sobre GIMP 2, versión para Windows 7, nos vamos a centrar en la creación de flechas.

Primeros pasos


Sin embargo, antes de comenzar, conviene decir que el programa no trae una opción por defecto para crear flechas, de modo que tendremos que buscar un script o un plugin e instalarlo. ¡Pero no os preocupéis, que lo he buscado yo por ustedes y tengo aquí un enlace desde el que lo podéis descargar!

Una vez descargado, procederemos a instalarlo. Si no sabéis o no recordáis cómo, podéis consultar esta entrada donde explico cómo instalar plugins y scripts en la versión de GIMP 2 para Windows 7.

No obstante, en resumen, tenemos que coger ese archivo que nos hemos descargado, descomprimirlo, y el nuevo archivo copiarlo y pegarlo en la siguiente ruta: C: > Archivos de Programa > GIMP 2 > share > gimp > 2.0 > scripts

A partir de ahora, ya podéis utilizar una nueva herramienta que se llama “Arrow”. La podéis encontrar en el menú Herramientas de nuestro programa.

Creación de flechas


Ahora bien, ¿cómo empezamos a crear nuestra flecha?

Pues bien, hay que recordar que esta herramienta de creación de flechas no funciona por sí sola, sino que hay que combinarla con otra, que es la archiconocida “Herramienta de creación de rutas.” Con ella, lo que haremos será crear un “camino”, eligiendo el punto de partida y el punto de finalización.

Una vez que hayamos seleccionado la herramienta, solo necesitaremos hacer dos clics para crear nuestra ruta. El primero será el que indique el comienzo y el segundo será el que indique el final.



Es en este momento cuando entra en juego nuestra herramienta específica para crear flechas. Para ello, como ya hemos dicho, hay que irse al menú Herramientas y hacer clic en “Arrow”. Hecho esto, nos saltará esta ventanita, en la que podremos personalizar nuestra flecha.


La ventana está completamente en inglés, pero os voy a hacer algunas traducciones por si hay alguien que no entendiera lo que pone.

La primera opción, “Lenght of Wings”, permite configurar las aletas de la cabeza de la flecha en sí, si las queréis más largas o más cortas, mientras que la segunda opción, “Angle between arrow and wing in degrees”, permite elegir si las queréis más abiertas o más cerradas.

La tercera opción, “Fill arrow head”, da la opción de si queréis que la cabeza de la flecha tenga color de relleno o esté vacía, y las dos siguientes sirven para graduar la agudeza y la fuerza del color.

La quinta opción, “Use first parth point as arrow head”, os permite elegir entre si queréis que el punto de comienzo de la ruta sea la cabeza o no.

“Delete path after arrow was drawn” os deja eliminar la ruta después de que la flecha se ha dibujado.

La siguiente agrega la opción de crear nuestra flecha en una nueva capa, muy útil para configurarla a ella sola, en independencia de los demás elementos.

“Draw double headed arrow” da la opción de dibujar una flecha de dos cabezas y, al final, la última opción os deja curvar las aletas de la flecha.

Últimos consejos

A mí, personalmente, me gusta dejar configurada la herramienta tal y como está ahí, ya que me quito de muchas complicaciones, ya que si quiero ajustar la flecha un poco más a mi gusto, puedo hacerlo usando otras herramientas más "intuitivas."

Por ejemplo, si me interesa hacer más grande o más pequeña mi flecha, puedo usar la herramienta de “Escalado”, en la que solo tengo que arrastrar hasta ajustarla al tamaño que quiero.

O si quiero torcerla, nada más que tengo que seleccionar la herramienta “Rotar” y, entonces, girar la imagen simplemente haciendo clic con el ratón y tirando de uno de los lados.

Y, para cambiar el color, me valgo de la herramienta de “Relleno”, en la que solo tengo que seleccionar un color que me guste en el cuadrado y hacer clic en la flecha.



¿Cómo lo veis? ¿Un poquillo complicado o está bien? Quizá al principio cueste un poquillo, pero después de hacerlo tres o cuatro veces se le coge el tranquillo.

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lunes, 20 de octubre de 2014

Tutoriales GIMP 2 (III): Instalar scripts y plugins en Windows 7

Esta es la tercera entrega de nuestros tutoriales de GIMP y, como no podía ser de otra manera, no queda más remedio que empezar a ponerse serio y dejar clara una cosa: GIMP 2 no tiene nada que envidiarle a Photoshop en cuanto a potencia.

¿Qué es un plugin o un script?


Está claro que el programa de Adobe lleva años y años de diseño encima, de buenos programadores desarrollando ideas geniales día a día y, por ello, es mucho más intuitivo y viene con muchos más servicios instalados –para eso pagas una brutalidad de dinero por el programita-, pero GIMP 2 tiene muchísimos seguidores a través de la red que, gratuitamente, ponen su conocimiento al servicio de los demás para ir dotándolo con más características.

No me digáis que la mascotita no es simpática :)

Estas características son otras herramientas y opciones que usar aparte de las esenciales, normalmente conocidas como scripts y como plugins, y que en muchos casos no vienen instaladas y tendremos que buscar. Simplemente, cualquier cosa que se te ocurra hacer, escribe “lo que sea + plugin + GIMP” y hay bastantes probabilidades de que haya algo.

Sin embargo, instalar estas opciones es bastante confuso muchas veces, ya que no son archivos con instalador ni viene una opción de instalación dentro del programa, sino que hay que hacerlo manualmente. ¿Cómo? Pues con el clásico “corta y pega”. Vamos a verlo.

¿Cómo se instalan en GIMP 2 para Windows 7?


Como acabamos de decir, en GIMP 2 para Windows se instala, básicamente, copiando y pegando este archivo en la carpeta en que instalamos en programa –aquí vamos a hacer ejemplo con la ruta por defecto-. Tan fácil como suena.

Eso sí, depende de lo que vamos a instalar. La diferencia, para aclararnos bien, radica en la extensión del archivo. Así pues, los .exe y los .py serán plugins, mientras que los .scm serán scripts y hay que guardarlos en diferente sitio.

Para instalar los plugins, esta es la ruta que tenemos que seguir, siempre y cuando los queramos compartir con todos los usuarios del equipo: C: > Archivos de Programa > GIMP 2 > lib > gimp > 2.0 > plugins.

Como siempre, recordad que hay que empezar entrando en “Equipo” y que únicamente hace falta copiar y pegar.

Mientras tanto, para los scripts tenemos que seguir esta otra ruta: C: > Archivos de Programa > GIMP 2 > share > gimp > 2.0 > scripts

Y eso es todo. La próxima vez que abráis GIMP, fijaos bien y encontraréis vuestra aplicación añadida pronto. Dependiendo de cada cual, aparece en un sitio u otro.


Por ejemplo, el último script que he instalado yo ha sido uno para crear flechas. Para eso, he pegado el archivo necesario en la ruta de los scripts y ahora puedo ver, en el menú de herramientas, una opción específica para crear flechas.

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lunes, 13 de octubre de 2014

Tutoriales GIMP2 (II): Montar una imagen

Hace unas semanas veíamos cómo podíamos eliminar el fondo de una imagen de GIMP 2 en esta entrada. Esta semana, vamos a ver la continuación lógica de aquel tutorial, es decir, vamos a ver cómo podemos usar esa imagen para hacer un montaje fotográfico en GIMP 2.

Para ello, por supuesto, lo primero que necesitamos es tener el programa, que lo podemos descargar desde este mismo enlace por la módica cifra de 0€. No está mal, ¿verdad?

En segundo lugar, claro está, necesitamos las 2 imágenes que vamos a combinar. En este caso, y para que veáis un ejemplo que ya he empleado en una entrada anterior, vamos a utilizar aquella fotografía de Julio César.


Os recuerdo que esta primera imagen debe estar en formato .png y con el fondo transparente, ya que es la que vamos a poner encima de la otra. Si no estuviera así, por supuesto se vería el fondo y, probablemente, nos quedaría bastante mal… Para recordar cómo hacerlo, dejo aquí otra vez la entrada donde se explica.

A continuación, buscamos una imagen que queramos poner de fondo va a ser esta otra, en la que se ve a Superman justo en el momento de cambiarse de ropa para ir a combatir el crimen. ¿No me digáis que no es bien chula?


Y ya, por fin, ya tenemos todos los elementos necesarios para comenzar nuestro montaje fotográfico.

El primer paso será abrir la imagen de fondo, que en nuestro caso dejaremos tal y como está, sin moverla ni modificarla.



El segundo paso es abrir la imagen que queremos poner encima. ¿Pero cómo lo hacemos? ¿Igual? No, en esta ocasión no. Necesitamos un nuevo comando que se llama “Abrir como capas”.



De esta manera, la imagen se abrirá como una capa independiente de la del fondo. La ventaja es que podremos hacerle todos los retoques que queramos con independencia del fondo, lo que previene que arruinemos, en caso de error, el montaje entero. Incluso nos permitirá moverla a nuestro antojo, que es lo que a nosotros nos interesa.

Para ello, lo único que tenemos que hacer es seleccionar el comando “Mover” desde la Caja de herramientas y colocar la cara de Julio César encima de la de Superman. Así, por fin, completamos nuestra tarea.

Ahora bien, puede darse el caso de que la imagen montada sea más pequeña que la parte del fondo que queremos sustituir. Sin embargo, no os preocupéis, tiene arreglo fácil. Simplemente tenéis que seleccionar la herramienta de "Escalado" en la Caja de Herramientas y estirar desde una esquina la imagen nueva hasta que sea lo suficientemente grande. Presionad la tecla "Intro" para terminar o pinchar en "Escala".



¡Y se acabó! Este es el resultado, que hemos empleado en la entrada en la que hablábamos del "Año de Julio y César."



Por cierto, recordad que podéis hacer esto para cualquier idea para montar que tengáis, además de que es una manera muy cómoda de añadir una imagen a cualquier otra. De este modo, podéis añadir desde logotipos, banners o incluso un rótulos que hayáis hecho aparte.

¿Qué os parece? ¿Alguna duda o sugerencia?

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lunes, 6 de octubre de 2014

Anécdotas Romanas (VII): David Meca se queda en nada ante César

César ha sido alabado en numerosísimas ocasiones por numerosísimas razones. Además, la fascinación que transmite su carácter, su extraordinaria fuerza, su ambición y su perseverancia para llevar sus ideas a la práctica y cumplir sus sueños y objetivos son inenarrables. Precisamente de su fuerza es de lo que hoy vamos a hablar aquí, contando otra de sus anécdotas más divertidas.

Parece ser que Julio siempre se sometió a una vida que le permitiera tener un físico atlético y musculado. Se llega a decir que tenía la fuerza y la resistencia de mil hombres, y que su fuerza para seguir viajando era interminable. Tanto es así que, en un tiempo en el que los ejércitos debían trasladarse a pie de un lugar a otro, él podía llegar a viajar horas y horas sin dar signos de desgaste.

Y hablamos no sólo de la capacidad de viajar montado a caballo. Era un general al que no le importaba compartir el camino a pie con sus soldados manchándose los zapatos de barro y, para que nadie dudara de su convencimiento, marchaba siempre al frente. A esto hay que sumar una destreza destacada en las armas, además de una técnica de natación excelente, que es nuestra protagonista de hoy.

Se cuenta del hombre una anécdota genial de una de sus “visitas” a Alejandría, que también se puede leer en Suetonio, y que viene a ilustrar tanto su valentía como su destreza física y mental. Cito una traducción literal:

“En Alejandría atacó un puente, pero una inesperada salida del enemigo le obligó a saltar a una barca, perseguido por gran número de enemigos; se lanzó al mar, y recorrió a nado el espacio de doscientos pasos hasta otra nave, sacando la mano derecha fuera del agua para que no se mojasen los escritos que llevaba, y llevando cogido con los dientes su manto de general para no abandonar aquella prenda al enemigo.” 
¡Yo no sé vosotros qué pensáis, pero imaginarme a César con cara de loco y frenético, con la capa en los dientes y nadando con un solo brazo a toda pastilla para que no le maten a la vez que salvaba unos documentos superimportantes, me parece divertido!

Fuentes: 

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    lunes, 29 de septiembre de 2014

    Diferencia entre Oración y Enunciado

    Hace ya bastante tiempo, dedicamos una entrada a la distinción de Lenguaje, Lengua y Habla que espero que muchos hayáis leído, porque, aunque parezca mentira, es una de las santísimas trinidades de la lingüística y nos va a servir muchísimo para la entrada de hoy.

    Empecemos por el principio: Lengua vs Habla


    Sin embargo, por prevenir un poco, voy a hacer un pequeño recordatorio aquí, empezando por este esquema:


    Como podemos ver, ahí se dice que el lenguaje se divide en dos ramas principalmente: la lengua y el habla.

    Por una parte, la lengua es el modelo o estructura que todo hablante tiene en la cabeza, la “perfección” que hay que seguir, y tiene por norma estudiar y hacer reflejar lo teórico. Aquí entrarían, por ejemplo, los estudios de gramática, sintaxis y de semántica, por ejemplo, más tradicionales.

    Por otra, el habla es el acto de hablar en sí mismo por cualquier hablante individual en un momento concreto. Por ejemplo, si yo te veo por la calle y te digo “¡Hola!”, eso representaría mi habla, palabra que yo digo con unas características individuales y únicas –en un contexto único, con un tono propio, un acento concreto, etc- y, a su vez sería, “un acto de habla."

    Ahora sí: Oración vs Enunciado


    No sé si, más o menos, sabéis cuál es la diferencia entre cada uno de los dos, pero lo que sí está claro es que ambos surgen a través de combinar unas palabras con otras para formar conjunto. ¿No es así?

    La diferencia principal entre una y otra radica en el punto de vista desde el que se estudian. ¿Esto qué quiere decir? Pues que un conjunto de palabras será un enunciado o una oración dependiendo de si la estamos estudiando desde el punto de vista del habla o desde el punto de vista del lenguaje.

    Así pues, el enunciado sería el estudio de ese conjunto desde el punto de vista del habla, ya que es una amalgama de palabras que comunica algo, pero siempre en una situación concreta. Por tanto, aquí el momento, el contexto, es muy importante. De hecho, es lo caracteriza, y por eso el enunciado pertenece al habla y se estudia en el campo de la pragmática.

    Para que un enunciado sea enunciado, tiene que cumplir también los siguientes dos requisitos:

    • Desde el punto de vista del significado, debe comunicar algo y, por tanto, tener sentido completo. No importa que esté compuesto por una única palabra, tres o quinientas, lo importante es que comunique algo: “¡Juanito, come!”, “¿Puedo ayudarle?”, “¡Adios!”
    • Desde el punto de vista de la expresión, debe finalizar en una pausa larga. Cuando hablamos, lógicamente es que dejamos de hablar o que hemos acabado de decir una “frase” para empezar a decir otra. En la escritura, se suele representar con un punto.

    Mientras tanto, la oración pertenece al campo de la lengua. ¿Y eso por qué? Pues porque lo importante en ellas es la existencia de un verbo, que dará estructura a los dos componentes esenciales que necesita una oración para existir: el sujeto y el predicado.

    Sin ellos, no hay oración, y las relaciones que se establecen entre ellos mismos se estudian en los campos de la gramática, la morfología y de la sintaxis, que pertenecen al ámbito de la lengua, es decir, al ámbito teórico.


    ¿Todo aclarado entre esquemas o explicaciones?

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    lunes, 22 de septiembre de 2014

    Expresiones Latinas (II): Alea iacta est

    ¿Quién no ha utilizado alguna vez esta expresión bien en latín bien en su traducción española? Para mí que la habré escuchado como cien mil millones de veces en mi vida y, en Google, si a alguien le da por poner en la barrita de búsqueda la frase, se encontrará con una grata sorpresa: casi un millón de resultados.

    Es una exclamación que sigue vigente día tras día porque de vez en cuando, también nosotros tenemos que tomar alguna decisión irremediable que, probablemente, cambiará el rumbo de nuestra vida. ¿Pero de dónde viene exactamente? Y más aún, ¿de verdad significa eso?

    ¿De dónde viene?


    Esta sentencia la pronunció todo un clásico de la historia de Roma, Julio César, y fue el historiador Suetonio quien se la atribuye en su libro Vida de los Doce Césares, y no pudo venir más a cuento, dadas las circunstancias.

    Hay que imaginarse, en aquel entonces, a un César que había ascendido peldaño a peldaño, cuidando cada traspiés, a la cúspide del poder romano, que era el consulado y había conseguido tumbar el hasta entonces infranqueable poder galo en la batalla de Alesia (52 a.C.).

    Esto le concedió a César un poder económico y un prestigio social que rivalizaba con el de su colega en el Primer Triunvirato (60 a.C.-52 a.C.), Pompeyo. ¿Cuál era el problema? Pues que César era un político cuyas ideas tenían más que ver con la facción de los populares, mientras que Pompeyo pertenecía a la de los optimates, más acorde con el Senado. Así pues, si podía rivalizar con Pompeyo, que podemos decir que representaba los designios del Senado, podía desbancar al Senado en sí mismo.

    Para frenar el posible ascenso –sí, aún más- de César, el Senado estimó oportuno comenzar a juzgar los crímenes de corrupción, tráfico de influencias, crueldad y prácticamente de todo tipo que se le achacaban a César cuando finalizara su mandato como cónsul.

    Él, muy listo, instó a su colega Marco Celio Rufo para que presentara un proyecto de ley bajo el que pudiera presentarse a las elecciones para su segundo consulado in absentia, es decir, sin entrar en Roma bajo ciudadano particular, y evitar así ser juzgado.

    Ni que decir tiene que el Senado se opuso frontalmente a esta medida y Pompeyo, para rematarlo, le instó a que dejara su cargo. Ambos poderes, además, intentaron despojarle también de las legiones a su cargo y su guardia personal, pero no lo consiguieron.

    Al final, el Senado amenazó a César diciéndole que, o dejaba sus legiones, o le nombrarían enemigo público. Contestó con una carta que leyó el por aquel entonces tribuno Marco Antonio el día 1 de enero del 49 a. C. en la que relataba sus muchas proezas y servicios al pueblo romano en un claro intento por hacer retroceder la medida.

    No lo consiguió. Pero, de nuevo, Marco Antonio vetó las intenciones del Senado. Y al final, el organismo tuvo que declarar el estado de emergencia y nombrar a Pompeyo como cónsul único, quitando así del medio a César y todo el poder que había acumulado.

    Pero César no se arredró. En vez de acobardarse y retirarse, habló a la legión XIII Gemina y les expuso la situación, preguntándoles si estaban dispuestos a enfrentarse contra el Senado, la propia Roma, y atravesar el río Rubicón con él armados, que suponía la frontera entre la Galia y los dominios de Roma.

    Puede parecer que esto no era importante, pero nunca ningún romano antes había entrado en Roma por las armas, ellos serían los primeros. ¡Y esto en una ciudad donde las armas estaban prohibidas! Por supuesto, serían calificados de traidores y, sin duda alguna, se podría iniciar una guerra civil.

    Los legionarios dijeron que sí y, el 10 de enero, cuando César recibió la noticia de los poderes de Pompeyo, inició la marcha. Al amanecer, justo a la orilla del río, deteníendose algunos instantes consumido por la duda, lo dijo por última vez:

    - 'Etiam nunc,' inquit, 'regredi possumus; quod si ponticulum transierimus, omnia armis agenda erunt.'

    - Ahora todavía dijo- podemos retroceder, porque si cruzamos este puentecillo, todo se tendrá que hacer por las armas.

    Pero la fortuita aparición de un hombre tocando la flauta, alegrando los corazones de los solados y otros pastores que acudieron a escucharle, lo decidió a avanzar arrancándole la trompeta a uno de los suyos. Así, tocando él mismo y atravesando a la otra orilla, lanzó la famosa frase:

    - Tunc Caesar: 'eatur,' inquit, 'quo deorum ostenta et inimicorum iniquitas vocat. Iacta alea est,' inquit.

    - Entonces César dijo: Marchemos a donde nos llaman los signos de los dioses y la iniquidad de los enemigos. La suerte está echada.

    Y ahora… ¿Qué significa exactamente?


    El sustantivo “alea” en latín significa “dados”, es decir, que lo que se lanzan (“iacta”, participio pastivo del verbo “iaceo”), son los dados, que representan la suerte a través de una metonimia. Por tanto, la traducción más exacta quedaría tal que así: “Se han lanzado los dados”.

    No creo que haya que explicar que el juego de los dados, que hoy, con distintas variantes, se juega en todas partes y especialmente en los casinos, era también muy popular en el mundo romano y se asociaba también con el azar.

    Hoy en día, como todos sabemos, se hace hincapié en el “punto de no retorno” y representa el dar un paso extremadamente arriesgado que puede traer graves consecuencias.

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