lunes, 24 de noviembre de 2014

Expresiones latinas (III): Veni, vidi, vici

Imaginaos a un César triunfante después de ganar una Guerra Civil que tenía todas las de perder y que, claro está, era contra el Senado romano y su “enemigo íntimo” Pompeyo. Añadidle a la ecuación, además, entrar en Egipto y conseguir deponer a un faraón, Ptolomeo XIII, por otro, su amada Cleopatra y hermana de este último. Agreguémosle, además, la celebración de cinco triunfos seguidos por un destacado mérito en el arte militar, ¡cuatro de ellos celebrados en el mismo mes!

No sé en vuestra mente, pero en la mía, César no podía estar otra cosa que venido muy, muy arriba y que pronunciara esta frase para coronar una batalla que ganó prácticamente sin pestañear, tiene todo el sentido del mundo. Hay que reconocerlo.

La batalla tuvo lugar contra Farnaces II, hijo de Mitrídates VI –famoso por una entrada anterior de este mismo blog-, y se buscaba castigar a sus seguidores a la vez que quitarlo del medio a él, ya que estaban tratando de soliviantar a la parte de Asia controlada por Roma para que se levantara contra la el poder romano.

César, ni corto ni perezoso, marchó contra él al mando de tres legiones y destrozó por completo al ejército del impetuoso Farnaces, compuesto de veinte mil hombres y situado cerca del actual pueblo de Zile, Turquía, y dejó que los pocos supervivientes huyeran para, quizá, quién sabe, contar cómo ocurrió la estrepitosa derrota y darle más gloria a los vencedores romanos.

Cuentan los historiadores de la época –Suetonio, Plutarco- que la batalla, y por tanto la victoria, se llevó a cabo con tanta celeridad, que César reflejó sus pensamientos acerca del encuentro en una única frase, que recogió en una carta que recibiría su amigo Amincio y que debía leerla ante el Senado romano.
Esta frase fue:


En latín, como todos –o casi todos- ya sabemos, significa “Vine, vi y vencí” y quiere decir que, un asunto que en teoría debería ser trabajoso, se ha sobrepasado no solo con prontitud, sino también sin llevarse rasguño alguno.

Cuenta Plutarco que, cuando le concedieron otro triunfo por esta victoria –la importancia política fue extrema, ya que los habitantes del local no volvieron a amenazar el poder de Roma-, entre los ornamentos había carteles con estas mismas palabras, como si fueran pancartas.

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lunes, 17 de noviembre de 2014

Cuadernillos de repaso: Primera declinación griega

La entrada de hoy la vamos a dedicar a repasar la primera declinación griega con una serie de actividades que van a recoger gran cantidad de ejemplos de declinación, la práctica del acento y toda la teoría relacionada.

Así, en el documento pdf que veis más abajo, tenemos una serie de actividades divididas en tres partes.

La primera de ellas consiste en declinar todas esas palabras que veis ahí. Se han escogido palabras que pertenecen a los diferentes paradigmas de la primera declinación para que se tenga la oportunidad de declinar, al menos, dos o tres pertenecientes al mismo esquema. De esta manera, afianzaremos la práctica de declinar la primera declinación y las terminaciones en nuestra cabeza.

La segunda parte consiste acentuar esas palabras que hemos declinado correctamente. Hay que acordarse o comprobar las reglas para la acentuación griega antes de comenzar, que son un poco distintas de la latina.

Por último, hay una serie de preguntas que permiten recoger toda, o casi toda, la teoría relacionada con la primera declinación griega y tenerla bien resumida.

Cuando terminemos, la idea es que tendremos disponible un pequeño cuadernillo que podemos dejar a mano como un manual de consulta rápida, si es que tenemos alguna duda.




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lunes, 10 de noviembre de 2014

Siglas en Latín (IV): P.S. (Post Scriptum) y P.D. (Post data)

La “Post data” (o “posdata”) y el “Post scriptum” son dos expresiones que hemos visto y usado a lo largo de toda nuestra vida, probablemente, sin contemplaciones. Las hemos visto en cartas, las hemos visto en emails, las hemos visto en series, en películas, en títulos de libros, a gente diciéndola por la calle por fardar…

Sin embargo, ¿de verdad sabemos lo que significa exactamente cada una y cómo deberían usarse? Eso me pregunté yo una vez: cuál era la diferencia. Y después de buscar un poquito, he escrito esta entrada para compartir lo que he encontrado al respecto.

P. S. o “Post scriptum”


El significado de esta expresión no es muy difícil de adivinar, ¿verdad? Básicamente significa “Después de lo escrito” y, tradicionalmente, se ha usado como una nota a añadir detrás de una carta.

Esto es, después del nombre del remitente, de la fecha y del cuerpo del mensaje en sí mismo, se puede rematar el escrito añadiendo una pequeña nota, ya sea por olvido o porque se trata un tema totalmente diferente o solo se le quiere dar una pincelada.

Sin embargo, por su significado, podemos deducir que no está restringido a una carta, sino que bajo esas siglas se puede añadir notas a cualquier tipo de escrito, desde un relato, a un libro, a un ensayo o a una entrada de blog.

Además, da más libertad, en teoría, respecto al uso de la “posdata”, como veremos en un momento.

P. D. o “Post data”


A primera vista, descifrar qué significa esta locución es un poquitín más complicado, ya que en español no tenemos ninguna palabra parecida a “data” para referirnos a la fecha. Porque “fecha” es lo que significa “data” en latín, que el inglés, por ejemplo, tomó prestada para su palabra “date”, que sí que significa fecha.

Por tanto, esta expresión latina significa “después de la fecha” y, de nuevo, se ha empleado tradicionalmente para añadir algo al final de un escrito. Como la anterior, bajo estas siglas se añade cualquier comentario por olvido o por querer tratarse, a voluntad del escribiente, aparte del cuerpo del mensaje.

Sin embargo, pensemos un poco. Si “post data” significa “después de la fecha”, esta expresión debería usarse para añadir anotaciones a escritos que tuvieran la fecha abajo, al final del mensaje, ¿no?

Por tanto, no debería emplearse para cartas o documentos que tengan la fecha en el encabezado o en la parte de arriba, ya que, en cierto modo, ¡nos estaría obligando a escribir la nota incluso antes de empezar el cuerpo del mensaje!

Por ejemplo, en la tradición española, muchas cartas empiezan con el nombre del remitente arriba a la izquierda y, justo a la derecha, un poquito más abajo, se pone la fecha, por lo que el uso de esta expresión debería quedar anulada si pensamos utilizar una nota al pie.

No obstante, en el caso de que optemos por incluir la fecha abajo, al final del escrito, emplearía entonces esta expresión.

De este modo se diferencia el uso de ambas expresiones y, atendiendo al significado de la lengua originaria, quedaría todo mucho más correcto.
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lunes, 3 de noviembre de 2014

Anécdotas Romanas (VIII): De cuando César le dijo a los piratas "porque yo lo valgo".

Julio César y los piratas es todo un clásico del anecdotario romano y nosotros no podíamos faltar a nuestra cita con ella. Así, en efecto, nuestro viejo conocido tuvo un encuentro fortuito con estos amables y educadísimos asaltantes de los mares que la historia, a través de la pluma de Plutarco, ha tenido a bien recordarnos para siempre.

A mi entender, es uno de los episodios más carismáticos de este hombre, ya que no solo se combina en él una chulería que no tiene límites, presumiendo sobre su persona y arriesgando a que le corten el cuello, sino unas maneras y un saber estar que te hace adorarlo un poco más al tiempo de querer meterle un guantazo. Pero empecemos, así lo entendéis.

Sobre el año 72 a. C. y tras ser elegido pontifex (sacerdote), César decide viajar a la isla de Rodas para ampliar su formación retórica y filosófica bajo el cuidado del sabio Apolonio Molón. Durante el viaje, sin embargo, el barco donde viajaba fue asaltado a la altura de la isla de Farmacusa por unos piratas, que sin contemplaciones tomaron a toda la tripulación, incluído a Julio, como rehenes y pidieron un rescate por cada uno de ellos. Traficar con vidas: sin duda una bonita forma de hacer dinero.

De cualquier manera, por Julio César los piratas decidieron pedir unos veinte talento de oro, que en peso equivalía a unos 26 kilos. Como podéis ver, no era una cifra para tomarse a risa, pero César sí que lo hizo. Se partió en su cara y, con toda la poca vergüenza, les dijo que él mismo estaba dispuesto a darles 50 porque si supieran quién era él pedirían más.

La cosa, no obstante, quedó en 20 y entonces se pusieron manos a la obra para pedir el rescate a los amigos de César. Durante el tiempo que tardaron en reunirlos, unos 38 días en total, Plutarco nos cuenta que, “más que preso, estuvo guardado”, porque el chico hacía más bien lo que le daba en gana. Tuvo tiempo de pasearse, tuvo tiempo de escribir, tuvo tiempo de escribir discursos y tuvo tiempo incluso de tratarlos como borricos porque no aplaudían cuando él les leía sus escritos en voz alta o mandarles que se callaran porque se iba a dormir.

Una de las amenazas que el joven César les decía entre risas era que el día que consiguiera escaparse iría tras ellos, los cazaría y los crucificaría. Los piratas se reían de estas gracietas –eso pensaban que eran- y pensaba que serían producto de la juventud o del apresamiento. Lo que no sabían es que se haría realidad.

Una vez que llegaron de Mileto los amigos del futuro dictador trayendo los talentos, lo pusieron en libertad y lo llevaron al puerto del puerto de aquella ciudad. Entonces, organizó una partida con la que les dio caza y llevó a los capturados a la prisión de Pérgamo, quedándose el dinero del rescate para él, como legítimo botín. Fue entonces en busca de Junio, que gobernante de Asia, para que castigara a los piratas, pero el otro hizo caso omiso y más pensó en el dinero que había recogido de César.

Le dio permiso a Julio para que hiciera lo que quisiera con ellos y, como había prometido, los hizo crucificar, aunque cuentan que, gracias a su “carácter compasivo” los hizo degollar antes, para que se ahorraran sufrimiento.


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lunes, 27 de octubre de 2014

Tutoriales GIMP 2 (IV): Dibujar flechas en GIMP 2 para Windows 7

¿Alguna vez, amigos, os habéis preguntado qué sería de un estudiante aplicado o de un buen profesor sin la posibilidad de usar una buena flecha? Personalmente, creo que le darían varios síncopes seguidos si, de repente, dejaran de existir.

Y es que cuando uno lleva sobreviviendo toda la vida a base de esquemas, fastidian que se los quiten, porque un esquema sin una flecha, es como una tortilla sin huevo, ¿verdad?

Así que hoy, en la cuarta entrega de nuestra particular serie de tutoriales sobre GIMP 2, versión para Windows 7, nos vamos a centrar en la creación de flechas.

Primeros pasos


Sin embargo, antes de comenzar, conviene decir que el programa no trae una opción por defecto para crear flechas, de modo que tendremos que buscar un script o un plugin e instalarlo. ¡Pero no os preocupéis, que lo he buscado yo por ustedes y tengo aquí un enlace desde el que lo podéis descargar!

Una vez descargado, procederemos a instalarlo. Si no sabéis o no recordáis cómo, podéis consultar esta entrada donde explico cómo instalar plugins y scripts en la versión de GIMP 2 para Windows 7.

No obstante, en resumen, tenemos que coger ese archivo que nos hemos descargado, descomprimirlo, y el nuevo archivo copiarlo y pegarlo en la siguiente ruta: C: > Archivos de Programa > GIMP 2 > share > gimp > 2.0 > scripts

A partir de ahora, ya podéis utilizar una nueva herramienta que se llama “Arrow”. La podéis encontrar en el menú Herramientas de nuestro programa.

Creación de flechas


Ahora bien, ¿cómo empezamos a crear nuestra flecha?

Pues bien, hay que recordar que esta herramienta de creación de flechas no funciona por sí sola, sino que hay que combinarla con otra, que es la archiconocida “Herramienta de creación de rutas.” Con ella, lo que haremos será crear un “camino”, eligiendo el punto de partida y el punto de finalización.

Una vez que hayamos seleccionado la herramienta, solo necesitaremos hacer dos clics para crear nuestra ruta. El primero será el que indique el comienzo y el segundo será el que indique el final.



Es en este momento cuando entra en juego nuestra herramienta específica para crear flechas. Para ello, como ya hemos dicho, hay que irse al menú Herramientas y hacer clic en “Arrow”. Hecho esto, nos saltará esta ventanita, en la que podremos personalizar nuestra flecha.


La ventana está completamente en inglés, pero os voy a hacer algunas traducciones por si hay alguien que no entendiera lo que pone.

La primera opción, “Lenght of Wings”, permite configurar las aletas de la cabeza de la flecha en sí, si las queréis más largas o más cortas, mientras que la segunda opción, “Angle between arrow and wing in degrees”, permite elegir si las queréis más abiertas o más cerradas.

La tercera opción, “Fill arrow head”, da la opción de si queréis que la cabeza de la flecha tenga color de relleno o esté vacía, y las dos siguientes sirven para graduar la agudeza y la fuerza del color.

La quinta opción, “Use first parth point as arrow head”, os permite elegir entre si queréis que el punto de comienzo de la ruta sea la cabeza o no.

“Delete path after arrow was drawn” os deja eliminar la ruta después de que la flecha se ha dibujado.

La siguiente agrega la opción de crear nuestra flecha en una nueva capa, muy útil para configurarla a ella sola, en independencia de los demás elementos.

“Draw double headed arrow” da la opción de dibujar una flecha de dos cabezas y, al final, la última opción os deja curvar las aletas de la flecha.

Últimos consejos

A mí, personalmente, me gusta dejar configurada la herramienta tal y como está ahí, ya que me quito de muchas complicaciones, ya que si quiero ajustar la flecha un poco más a mi gusto, puedo hacerlo usando otras herramientas más "intuitivas."

Por ejemplo, si me interesa hacer más grande o más pequeña mi flecha, puedo usar la herramienta de “Escalado”, en la que solo tengo que arrastrar hasta ajustarla al tamaño que quiero.

O si quiero torcerla, nada más que tengo que seleccionar la herramienta “Rotar” y, entonces, girar la imagen simplemente haciendo clic con el ratón y tirando de uno de los lados.

Y, para cambiar el color, me valgo de la herramienta de “Relleno”, en la que solo tengo que seleccionar un color que me guste en el cuadrado y hacer clic en la flecha.



¿Cómo lo veis? ¿Un poquillo complicado o está bien? Quizá al principio cueste un poquillo, pero después de hacerlo tres o cuatro veces se le coge el tranquillo.

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lunes, 20 de octubre de 2014

Tutoriales GIMP 2 (III): Instalar scripts y plugins en Windows 7

Esta es la tercera entrega de nuestros tutoriales de GIMP y, como no podía ser de otra manera, no queda más remedio que empezar a ponerse serio y dejar clara una cosa: GIMP 2 no tiene nada que envidiarle a Photoshop en cuanto a potencia.

¿Qué es un plugin o un script?


Está claro que el programa de Adobe lleva años y años de diseño encima, de buenos programadores desarrollando ideas geniales día a día y, por ello, es mucho más intuitivo y viene con muchos más servicios instalados –para eso pagas una brutalidad de dinero por el programita-, pero GIMP 2 tiene muchísimos seguidores a través de la red que, gratuitamente, ponen su conocimiento al servicio de los demás para ir dotándolo con más características.

No me digáis que la mascotita no es simpática :)

Estas características son otras herramientas y opciones que usar aparte de las esenciales, normalmente conocidas como scripts y como plugins, y que en muchos casos no vienen instaladas y tendremos que buscar. Simplemente, cualquier cosa que se te ocurra hacer, escribe “lo que sea + plugin + GIMP” y hay bastantes probabilidades de que haya algo.

Sin embargo, instalar estas opciones es bastante confuso muchas veces, ya que no son archivos con instalador ni viene una opción de instalación dentro del programa, sino que hay que hacerlo manualmente. ¿Cómo? Pues con el clásico “corta y pega”. Vamos a verlo.

¿Cómo se instalan en GIMP 2 para Windows 7?


Como acabamos de decir, en GIMP 2 para Windows se instala, básicamente, copiando y pegando este archivo en la carpeta en que instalamos en programa –aquí vamos a hacer ejemplo con la ruta por defecto-. Tan fácil como suena.

Eso sí, depende de lo que vamos a instalar. La diferencia, para aclararnos bien, radica en la extensión del archivo. Así pues, los .exe y los .py serán plugins, mientras que los .scm serán scripts y hay que guardarlos en diferente sitio.

Para instalar los plugins, esta es la ruta que tenemos que seguir, siempre y cuando los queramos compartir con todos los usuarios del equipo: C: > Archivos de Programa > GIMP 2 > lib > gimp > 2.0 > plugins.

Como siempre, recordad que hay que empezar entrando en “Equipo” y que únicamente hace falta copiar y pegar.

Mientras tanto, para los scripts tenemos que seguir esta otra ruta: C: > Archivos de Programa > GIMP 2 > share > gimp > 2.0 > scripts

Y eso es todo. La próxima vez que abráis GIMP, fijaos bien y encontraréis vuestra aplicación añadida pronto. Dependiendo de cada cual, aparece en un sitio u otro.


Por ejemplo, el último script que he instalado yo ha sido uno para crear flechas. Para eso, he pegado el archivo necesario en la ruta de los scripts y ahora puedo ver, en el menú de herramientas, una opción específica para crear flechas.

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