lunes, 29 de septiembre de 2014

Diferencia entre Oración y Enunciado

Hace ya bastante tiempo, dedicamos una entrada a la distinción de Lenguaje, Lengua y Habla que espero que muchos hayáis leído, porque, aunque parezca mentira, es una de las santísimas trinidades de la lingüística y nos va a servir muchísimo para la entrada de hoy.

Empecemos por el principio: Lengua vs Habla


Sin embargo, por prevenir un poco, voy a hacer un pequeño recordatorio aquí, empezando por este esquema:


Como podemos ver, ahí se dice que el lenguaje se divide en dos ramas principalmente: la lengua y el habla.

Por una parte, la lengua es el modelo o estructura que todo hablante tiene en la cabeza, la “perfección” que hay que seguir, y tiene por norma estudiar y hacer reflejar lo teórico. Aquí entrarían, por ejemplo, los estudios de gramática, sintaxis y de semántica, por ejemplo, más tradicionales.

Por otra, el habla es el acto de hablar en sí mismo por cualquier hablante individual en un momento concreto. Por ejemplo, si yo te veo por la calle y te digo “¡Hola!”, eso representaría mi habla, palabra que yo digo con unas características individuales y únicas –en un contexto único, con un tono propio, un acento concreto, etc- y, a su vez sería, “un acto de habla."

Ahora sí: Oración vs Enunciado


No sé si, más o menos, sabéis cuál es la diferencia entre cada uno de los dos, pero lo que sí está claro es que ambos surgen a través de combinar unas palabras con otras para formar conjunto. ¿No es así?

La diferencia principal entre una y otra radica en el punto de vista desde el que se estudian. ¿Esto qué quiere decir? Pues que un conjunto de palabras será un enunciado o una oración dependiendo de si la estamos estudiando desde el punto de vista del habla o desde el punto de vista del lenguaje.

Así pues, el enunciado sería el estudio de ese conjunto desde el punto de vista del habla, ya que es una amalgama de palabras que comunica algo, pero siempre en una situación concreta. Por tanto, aquí el momento, el contexto, es muy importante. De hecho, es lo caracteriza, y por eso el enunciado pertenece al habla y se estudia en el campo de la pragmática.

Para que un enunciado sea enunciado, tiene que cumplir también los siguientes dos requisitos:

  • Desde el punto de vista del significado, debe comunicar algo y, por tanto, tener sentido completo. No importa que esté compuesto por una única palabra, tres o quinientas, lo importante es que comunique algo: “¡Juanito, come!”, “¿Puedo ayudarle?”, “¡Adios!”
  • Desde el punto de vista de la expresión, debe finalizar en una pausa larga. Cuando hablamos, lógicamente es que dejamos de hablar o que hemos acabado de decir una “frase” para empezar a decir otra. En la escritura, se suele representar con un punto.

Mientras tanto, la oración pertenece al campo de la lengua. ¿Y eso por qué? Pues porque lo importante en ellas es la existencia de un verbo, que dará estructura a los dos componentes esenciales que necesita una oración para existir: el sujeto y el predicado.

Sin ellos, no hay oración, y las relaciones que se establecen entre ellos mismos se estudian en los campos de la gramática, la morfología y de la sintaxis, que pertenecen al ámbito de la lengua, es decir, al ámbito teórico.


¿Todo aclarado entre esquemas o explicaciones?

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lunes, 22 de septiembre de 2014

Expresiones Latinas (II): Alea iacta est

¿Quién no ha utilizado alguna vez esta expresión bien en latín bien en su traducción española? Para mí que la habré escuchado como cien mil millones de veces en mi vida y, en Google, si a alguien le da por poner en la barrita de búsqueda la frase, se encontrará con una grata sorpresa: casi un millón de resultados.

Es una exclamación que sigue vigente día tras día porque de vez en cuando, también nosotros tenemos que tomar alguna decisión irremediable que, probablemente, cambiará el rumbo de nuestra vida. ¿Pero de dónde viene exactamente? Y más aún, ¿de verdad significa eso?

¿De dónde viene?


Esta sentencia la pronunció todo un clásico de la historia de Roma, Julio César, y fue el historiador Suetonio quien se la atribuye en su libro Vida de los Doce Césares, y no pudo venir más “a cuento”, dadas las circunstancias.

Hay que imaginarse, en aquel entonces, a un César que había ascendido peldaño a peldaño, cuidando cada traspiés, a la cúspide del poder romano, que era el consulado y había conseguido tumbar el hasta entonces infranqueable poder galo en la batalla de Alesia (52 a.C.).

Esto le concedió a César un poder económico y un prestigio social que rivalizaba con el de su colega en el Primer Triumvirato (60 a.C.-52 a.C.), Pompeyo. ¿Cuál era el problema? Pues que César era un político cuyas ideas tenían más que ver con la facción de los populares, mientras que Pompeyo pertenecía a la de los optimates, más acorde con el Senado. Así pues, si podía rivalizar con Pompeyo, que podemos decir que representaba los designios del Senado, podía desbancar al Senado en sí mismo.

Para frenar el posible ascenso –sí, aún más- de César, el Senado estimó oportuno comenzar a juzgar los crímenes de corrupción, tráfico de influencias, crueldad y prácticamente de todo tipo que se le achacaban a César cuando finalizara su mandato como cónsul.

Él, muy listo, instó a su colega Marco Celio Rufo para que presentara un proyecto de ley bajo el que pudiera presentarse a las elecciones para su segundo consulado in absentia, es decir, sin entrar en Roma bajo ciudadano particular, y evitar así ser juzgado.

Ni que decir tiene que el Senado se opuso frontalmente a esta medida y Pompeyo, para rematarlo, le instó a que dejara su cargo. Ambos poderes, además, intentaron despojarle también de las legiones a su cargo y su guardia personal, pero no lo consiguieron.

Al final, el Senado amenazó a César diciéndole que, o dejaba sus legiones, o le nombrarían enemigo público. Contestó con una carta que leyó el por aquel entonces tribuno Marco Antonio el día 1 de enero del 49 a. C. en la que relataba sus muchas proezas y servicios al pueblo romano en un claro intento por hacer retroceder la medida.

No lo consiguió. Pero, de nuevo, Marco Antonio vetó las intenciones del Senado. Y al final, el organismo tuvo que declarar el estado de emergencia y nombrar a Pompeyo como cónsul único, quitando así del medio a César y todo el poder que había acumulado.

Pero César no se arredró. En vez de acobardarse y retirarse, habló a la legión XIII Gemina y les expuso la situación, preguntándoles si estaban dispuestos a enfrentarse contra el Senado, la propia Roma, y atravesar el río Rubicón con él armados, que suponía la frontera entre la Galia y los dominios de Roma.

Puede parecer que esto no era importante, pero nunca ningún romano antes había entrado en Roma por las armas, ellos serían los primeros. ¡Y esto en una ciudad donde las armas estaban prohibidas! Por supuesto, serían calificados de traidores y, sin duda alguna, se podría iniciar una guerra civil.

Los legionarios dijeron que sí y, el 10 de enero, cuando César recibió la noticia de los poderes de Pompeyo, inició la marcha. Al amanecer, justo a la orilla del río, deteníendose algunos instantes consumido por la duda, lo dijo por última vez: 

- 'Etiam nunc,' inquit, 'regredi possumus; quod si ponticulum transierimus, omnia armis agenda erunt.'

- Ahora todavía dijo- podemos retroceder, porque si cruzamos este puentecillo, todo se tendrá que hacer por las armas.

Pero la fortuita aparición de un hombre tocando la flauta, alegrando los corazones de los solados y otros pastores que acudieron a escucharle, lo decidió a avanzar arrancándole la trompeta a uno de los suyos. Así, tocando él mismo y atravesando a la otra orilla, lanzó la famosa frase:

- Tunc Caesar: 'eatur,' inquit, 'quo deorum ostenta et inimicorum iniquitas vocat. Iacta alea est,' inquit.

- Entonces César dijo: Marchemos a donde nos llaman los signos de los dioses y la iniquidad de los enemigos. La suerte está echada.

Y ahora… ¿Qué significa exactamente?


El sustantivo “alea” en latín significa “dados”, es decir, que lo que se lanzan (“iacta”, participio pastivo del verbo “iaceo”), son los dados, que representan la suerte a través de una metonimia. Por tanto, la traducción más exacta quedaría tal que así: “Se han lanzado los dados”.

No creo que haya que explicar que el juego de los dados, que hoy, con distintas variantes, se juega en todas partes y especialmente en los casinos, era también muy popular en el mundo romano y se asociaba también con el azar.
Hoy en día, como todos sabemos, se hace hincapié en el “punto de no retorno” y representa el dar un paso extremadamente arriesgado que puede traer graves consecuencias.

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lunes, 15 de septiembre de 2014

Tutoriales GIMP2 (I): Eliminar el fondo de una imagen

Quizá alguna vez os habéis planteado hacer algunos montajes fotográficos por diversión. Por ejemplo, borrando algunos fondos de las caras de vuestros amigos y poniéndoselas a los Telettubies.


O quizá, como es mi caso, os hayáis decidido a intentar hacer alguna cosilla graciosa para vuestro blog y os hayáis visto en la necesidad de buscar cómo se eliminan los fondos de una imagen para poder colocarlos en otra imagen más grande o en una presentación o hacer un icono…



Quizá, incluso, si no estáis entre los afortunados que pueden permitirse una licencia de Photoshop, os hayáis decidido a utilizar la maravilla de programa que es GIMP 2 (descargar aquí) que además de ser una herramienta potentísima es completamente libre, es decir, completamente gratis.


Este último es mi caso y, en la entrada de hoy, quería compartir con vosotros cómo eliminar el fondo de una imagen en GIMP2. Para ello, lo primero que tenemos que hacer, por supuesto, escoger una imagen y, después, abrirla. En mi caso, he escogido la siguiente:




En mi caso, lo que voy a hacer es seleccionar la cabeza de Julio César y para ello hemos de usar  la herramienta apropiada. Personalmente, me gusta utilizar la llamada “Herramienta de Selección Libre”, que podéis seleccionar con el ratón desde la caja de herramientas o bien presionando la tecla F.


A continuación, hacemos clic desde donde queremos empezar a seleccionar y, a partir de ahora, clic a clic, vamos seleccionando poco a poco todo el recorrido que queremos recortar. Así, punto a punto, iremos trazando la silueta. Como consejo, acercad bien la imagen porque si no os vais a dejar la vista…

Cuando tengamos toda nuestra silueta hecha, tendremos que cerrar la selección en el mismo punto desde el que empezamos haciendo clic en el último puntito naranja. A partir de ahí, la selección que tendremos activa quedará marcada con un haz de líneas discontínuas.


El siguiente paso es irnos al menú Seleccionar y luego pinchar en Invertir. De este modo, en vez de la silueta, seleccionaremos lo que nos sobra.



A continuación, hemos de añadirle una capa que nos permita crear el fondo transparente, y para ello debemos irnos al menú Capa, luego a al submenú Transparencia y, por último, a la opción Añadir canal Alfa.


¡Y ya casi estamos! Nos queda irnos al menú Editar y luego a la opción Limpiar, que nos dejará un bonito fondo lleno de cuadraditos y que, gracias a Dios, significa que no hay nada ahí.


Por último, y para que no se nos pierda todo el trabajo que hemos hecho, debemos Exportar nuestra imagen al formato PNG, que es bueno por el poco espacio que ocupa, permite compresión y, además, transparencias. No guardéis en JPG, repito, NO GUARDÉIS EN JPG porque el fondo se volverá a poner de otro color y no transparente.

Esta acción se puede llevar a cabo empleando la opción Exportar como, dentro del menú Archivo, donde, claro está, tendréis que elegir el formato de imagen adecuado y renombrar el nombre de vuestra recién creada imagen con fondo transparente.


¡Y sanseacabó! Todo listo para nuestro siguiente paso, que será colocar esta imagen dentro de otra y crear así un bonito montaje, collage o ¡lo que os venga en gana!

¿Sabéis algún otro método para recortar en GIMP? ¿Estáis interesados en otros tutoriales? No dejéis de escribirme :)

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lunes, 8 de septiembre de 2014

Anécdotas Romanas (VI): "El año de Julio y César"

La pequeña anécdota de hoy vuelve a poner en juego a un viejo conocido, Julio César, y a otro no tanto, el cónsul Marco Calpurnio Bíbulo, y con ella puede ilustrarse perfectamente cómo las ansias del primero por poner en práctica todo lo que tenía en la cabeza y su capacidad de acción eran inagotables.


Nuestra historia comienza en el año 59 a. C., momento en el que los optimates –bando “conservador” de la política romana- intentan bloquear la entrada de Julio en los más altos peldaños de la política romana, es decir, el consulado. Por si alguien no lo recuerda, estos eran los altos más cargos del estado y estaban ejercidos por dos magistrados, los llamados cónsules.


Como les resultó imposible impedir que César se presentara bajo la bendición de la facción de los populares –facción más “progresista”- y que, por supuesto, ganara -la estrategia de publicitaria de éste había sido magistral y su popularidad entre el pueblo era altísima-, los optimates buscaron un candidato que equilibrara la balanza de las decisiones que César pudiera tomar. Este fue Bíbulo, que tenía fama de tipo bastante cerrado en la tradición y en las costumbres de antaño y que favorecían a la clase alta.


Durante su consulado, el bando optimate se parapetó fuertemente en la personalidad y el prestigio de Catón para hacer que las propuestas de César no salieran adelante. Para que os hagáis una idea, la estrategia de Catón era hacer ver ante el Senado –siempre de corte conservador- que sus enemigos eran unos rebeldes contra la tradición de los antepasados y las costumbres de Roma y hacerles perder todo el crédito.



Sin embargo, Julio anduvo más listo. Llevó sus leyes directamente a los Comicios, en los que podía votar el pueblo, y comenzó a apoyarse en los tribunos de la plebe, que agitarían a las masas para que aquellas votaran en favor de las propuestas de César. Esto bloqueaba en parte las medidas que los senadores pudieran tomar en contra.

Además, nuestro viejo conocido se ganó poderosísimos aliados, que también habremos visto nombrados cientos de veces o incluso en películas: Marco Licinio Craso y Cneo Pompeyo Magno. Estos dos hombres controlaban Roma por encima de cualquier otro, el primero de ellos gracias a su incalculable riqueza y el segundo debido a su prestigio como militar y el número de sus legiones. Entre los tres, dirigieron los destinos de Roma a su antojo en lo que se conoció como el Primer Triunvirato.

Así, el pobre Bíbulo en su consulado no tuvo mucho que hacer, ya que incluso los intentos de parar las leyes a través del veto no surtían efecto gracias a los Comicios y los tribunos, como hemos dicho. Y aunque intentaron agitar las calles –práctica política muy popular en la época-, uno de los días le salió mal la jugada y le lanzaron una cesta de estiércol a la cabeza. Imaginaos cómo quedaría el muchacho.

Posiblemente traumatizado después de aquello, Bíbulo se entregó a la vida contemplativa de observar los cielos y las estrellas para observar los augurios y el destino que le estarían reservados a Roma por apoyar a César, que publicaba diariamente para que todo el mundo se enterase. Con esta táctica sucia, al no acudir a su puesto, intentaba parar las decisiones, ya que él no acudía a depositar su voto.

No le sirvió de nada, claro, y César seguía aprobando por ley cuanto quería. Esta imposibilidad ante el gobierno férreo de Julio, llevó a que en la época se acuñara una expresión que ha quedado para la historia.

Los Romanos no nombraban el año con un número, como nosotros, normalmente, sino que lo nombraban diciendo los nombres de los cónsules que habían ejercido el poder aquel año. Así, para referirse a aquel año de 59 a. C., los romanos decían que ese había sido “el año de Julio y César”, en vez de “el año de Bíbulo y César”, por ejemplo.

Además, como los romanos eran unos graciosetes, remataron la faena agregando un par de versos la mar de salados:
Non Bibulo quidquam nuper, sed Cesare farctum est:
Nom Bibulo fieri consulte nil memini 
Que en cristiano quieren decir: 

Nada por Bíbulo, sino que todo se hizo por César.
No recuerdo que nada se hiciera bajo la aprobación de Bíbulo.

Con esto, dejaban patente que la función de Bíbulo en el consulado había sido nula.


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jueves, 1 de mayo de 2014

Actividad en línea: repasando Gneo Nevio

Después de acabar con la teoría de Nevio, ahora hay que ponerse las pilas con las actividades.

Igual que hicimos la última vez con Livio Andronico, esta actividad va a consistir en una serie de preguntas de respuesta múltiple. Gracias a ellas, una vez tengamos la respuesta correcta marcada y corregida, ¡podremos tener toda la teoría en una sola hoja de papel!

Para repasar un poco la teoría, podéis echar un vistazo a esta "preciosísima" línea del tiempo.


Y para ampliar un poco más, porque no será suficiente, recordar que siempre podéis echar un vistazo a las entradas anteriores y dejarlas abiertas en una pestaña nueva.

Así que nada más. ¡Manos a la obra!

Repasando vida y obra de Gneo Nevio

Repasando vida y obra de Gneo Nevio


 

Y aquí, para terminar, un documento listo para imprimir en el que podéis anotar la respuestas correctas y completar la teoría. ¡Todo en una sola página!


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martes, 29 de abril de 2014

Bellum Poenicum, la primera epopeya nacional romana

Ser un patriota solo te puede llevar a hacer cosas de patriota. Te puede llevar a estar dispuesto a morir por defender a tu nación en una guerra; te puede llevar a meterte en política y correr el riesgo de sufrir una muerte lenta y dolorosa -como le gustaba a los romanos- pero salvarte y acabar desterrado; e incluso te puede llegar a reinventar un género literario.

¿Cómo? En un estilo como la épica, en el que solo se "permitían" narraciones de dioses y héroes, él tuvo el coraje de dar una vuelta de tuerca a la tradición épica anterior e introducir un tema contemporáneo, como fue la Guerra contra Cartago.

Por todo esto pasó Nevio antes de descansar de una vida, en parte, dedicada a Roma, pero aquí solo venimos a hablar de la última parte. Hoy hablamos de su obra Bellum Poenicum y de cómo se convirtió en la primera epopeya nacional de tema romano y para romanos.

¿De qué va el poema?

Aníbal mirando a Roma y pensando
"Tó esto antes era campo."

En un momento de bastantes dificultades para Roma, en el que el militar cartaginés Aníbal apretaba las tuercas a un ejército romano que reculaba, fue cuando aparece este poema, en el que el poeta nos cuenta la historia de la Primera Guerra Púnica (264 - 241 a.C.).

Esta fue la Primera de las Tres guerras que enfrentaron a romanos y cartagineses por el control del Mediterráneo y fue la única que Nevio vivió personalmente. Precisamente por esto, fue elegido para contarla.

Sin embargo, no solo el transcurso de la guerra se cuenta en el tronco del poema, sino que se entrelaza con el mito de la fundación de Roma. Así, se narra la huida de Eneas de Troya, la ayuda que prestó a su padre Anquises e incluso los amores de Eneas y Dido, que sirven para explicar con un mito la enemistad milenaria entre Roma y Cartago y que Virgilio tomará prestados en su Eneida.

¿Cuál es la intención del poema?


La intención está clara por el momento de su publicación y por el autor. En primer lugar, como ya se ha dicho, llega en un momento bastante complicado para Roma, ya que la Segunda Guerra Púnica no marchaba exactamente bien gracias a la destreza de Aníbal como general. En segundo lugar, estaba escrita por un ex-soldado que había participado en la Primera.

Por tanto, no se perseguía una reconstrucción exacta del pasado, sino que con el poema se pretendía inflamar los ánimos de la nación y, en concreto, el ardor del ejército recordando las victorias de la Primera Guerra Púnica y los orígenes legendarios y míticos de la nación, que había nacido gracias al concurso de los dioses.

¿Cómo está escrito el poema?


Parece ser que el poema estaba escrito originariamente en forma de carmen continuum, es decir, que no estaba dividido en libros, ni en capítulos ni en nada que se le pareciera, sino que se leía de corrido. No es hasta el siglo II a.C. cuando Gaio Octavio Lampadio lo divide en 7 libros.

Además, aunque el poema debía de tener una extensión bastante considerable -si tenemos en cuenta que debía narrar la guerra más la fundación de Roma-, lo único que nos queda de esta obra base de la literatura latina son 70 versos escritos en saturnios, muchos de ellos incompletos.

Esquema de los versos saturnios, típico romano.

Los versos de Ennio parecen reflejar un lenguaje cuya ornamentación y artificiosidad eran más bien escasas y dan a entender que Nevio perseguía un lenguaje claro, directo y efectivo. Sin embargo, merece destacar que este esta manera de escribir convive con la que aparece en los fragmentos legendarios y mitológicos, no puede evitar un deje poético considerable.

De hecho, esto lo permite que él mismo participara en la guerra y que sus impresiones y recuerdos de soldado sean las que den al conjunto esa dosis de realidad y contemporáneidad que el poema tiene y necesitaba por su intención.

Fuentes:

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