lunes, 29 de junio de 2015

Tutorial Raspberry PI (II): Backup de Raspberry Pi

Si en la entrada anterior hacíamos un tutorial sobre cómo instalar Raspbian desde Windows 7 en nuestra Raspberry Pi, hoy vamos a continuar nuestros tutoriales sobre cómo hacer un backup o copia de seguridad.

Puede parecer que no, pero hacer una copia de seguridad de un sistema operativo funcionando al 100% puede resolver muchos quebraderos de cabeza si surge algún problema con nuestra máquina. Además, recuperar una copia de seguridad óptima, siempre, ¡siempre!, es mejor que formatear.

¿Por qué? Pues porque la copia de seguridad la puedes hacer en el punto en que tú quieras. Por ejemplo, podrías hacerla una vez que tengas todos los drivers y programas que vas a usar y, de esta manera, puedes recuperar tu ordenador desde ese punto.

Si tuveras que formatear, obligatoriamente tendrías que hacerlo todo desde la más absoluta nada, y eso es mucho tiempo.

Pero vayamos al lío y comencemos con los pasos de este tutorial.

Paso 1: Descargar e instalar Win32DiskImager


Hasta la fecha, esta es la mejor herramienta, para mi gusto, para hacer una copia de seguridad de una tarjeta microSD. No solo es rápida y eficaz, sino que también ocupa poquísimo, no consume muchos recursos y, además, es gratuita.

Para descargarla, una de las maneras es la de ir a la página oficial y, de paso, visitar otros recursos que hay por allí. Si tenéis prisa, también podéis hacerlo haciendo clic en la imagen de abajo.

Una vez descargada, hay que proceder a instalarla. El proceso es tan sencillo como ejecutar el archivo haciendo doble clic y, a continuación, pulsar "Siguiente" hasta que el proceso acabe.

Paso 2: Preparar nuestra tarjeta microSD


Como es lógico, necesitamos el dispositivo de almacenamiento del que vamos a hacer una copia de seguridad. En el caso de nuestra Raspberry Pi, será una microSD, a la que necesitaremos poner dentro del adaptador para poder insertarla dentro del lector de tarjetas.

Muy importante es comprobar la unidad que nuestro ordenador ha asignado a la microSD. Esto se puede comprobar en Inicio > Equipo. En mi caso, es la unidad "F:".

Paso 3: Leer nuestra tarjeta y crear una imagen de disco.

Una vez que tengamos nuestra tarjeta en el lector de tarjetas y el Win32DiskImager abierto, lo que tenemos que hacer es seleccionar la unidad que vamos a leer.

Para ello, hay que hacer clic en el recuadro señalado en rojo y pulsar en nuestra unidad en el desplegable.

En segundo lugar, deberíamos seleccionar una ruta para guardar esta imagen. Para ello, hacemos clic en la carpetita azul y ahí usamos la carpeta que queramos. En mi caso, la voy a guardar en el escritorio y le voy a poner de nombre "Raspicopia 300615". De este modo, tenemos la imagen localizada perfectamente y con la fecha del día que la hicimos.

¡Y nada más! Si alguna vez queréis recuperar esta copia de seguridad, los pasos son sencillísimos y los podéis consultar en la entrada anterior.
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lunes, 15 de junio de 2015

Tutorial Raspberry Pi (I): Instalar Raspbian desde Windows 7

En mi humilde opinión, creo que la Raspberry Pi es uno de los mejores dispositivos que pueden adaptarse a la labor de un docente.

Es un dispositivo ligero y portatil que cabe en la palma de tu mano, trabaja con la agilidad de cualquier pc si no le exigimos más de lo que puede dar, emplea distribuciones de software libre y, además, tiene un precio buenísimo para las prestaciones que da. Yo ya me lo llevo a todas partes, pues, gracias a su entrada de cable HDMI, puedo enchufar a cualquier proyector, televisor o monitor.

Sin embargo, la instalación y configuración del sistema operativo puede ser un poco aparatosa para aquellos que no estén acostumbrados a Linux. Por eso, vamos a hacer una serie de tutoriales sobre Raspberry Pi que nos ayudarán a ponerla a punto.

Paso 1: Elegir y descargar tu sistema operativo


Después de probar algunos sistemas operativos y descartarlos por razones varias, me quedo con Raspbian, que es una distribución basada en Debian específica para Raspberry Pi.

No solo no tiene nada que envidiarle a otras distribuciones de Linux en cuanto a estabilidad, rapidez y agilidad, sino que también podemos acceder a los mismos repositorios y aplicaciones que otras distrubuciones.

Sin embargo, la mayor ventaja radica en que podemos hacer uso de un repositorio específico de aplicaciones repacionadas con Raspberry Pi. Esto como docentes nos viene de maravilla, pues, para quien no lo recuerde o lo sepa, Raspberry Pi nació con el principio educativo como base, y son muchos los recursos que ven la luz cada día relacionados con nuestra profesión.

Así pues, si al final os he convencido y queréis instalar Raspbian, el primer paso es descargarlo. Para ello, podéis visitar la siguiente página de la fundación Raspberry y descargarlo desde aquí.

Si no, desde las imágenes de abajo podéis descargar Raspbian a través de Torrent o de descarga directa. Mi recomendación es que lo hagáis por Torrent, es más rápido y fiable.

Paso 2: Preparar nuestra tarjeta microSD


Raspberry Pi para funcionar necesita una tarjeta microSD. Esta tarjeta hará las veces de disco duro y ahí tendremos todos nuestros archivos, incluidos el sistema operativo. Es por eso que necesitamos una tarjeta fiable, robusta y, sobre todo, rápida, para que pueda leer y escribir rápido y nuestra máquina no vaya demasiado lenta.

Las tarjetas más recomendadas para Raspberry Pi son de clase diez, que tienen una relación precio-calidad excelente en cualquier tienda online, y que tienen una velocidad apropiada para nuestros propósitos. En cuanto a la marca, personalmente, solo he trabajado con Kingston y Sandisk y me han dado buenos resultados.

Pero eso no es todo, recordad que, para trabajar con estas tarjetas, necesitaremos introducirlas en un lector de tarjetas, por lo que necesitaremos un adaptador. Si podéis, comprad una tarjeta que traiga ya un adaptador, ya que ahorrará complicaciones. Si tenéis uno y veis una buena oferta, también podéis comprarla por separado.

Cuando tengamos la tarjeta en nuestro adaptador, la introducimos en el lector de tarjetas y comprobamos qué unidad es. Esto lo podemos ver en la herramienta "Equipo" de Windows.

Paso 3: Descargar e instalar Win32DiskImager


Este sencillísimo programa es la pieza clave de nuestra instalación. Él será quien nos permita insertar nuestra imagen en la tarjeta SD y dejarla lista para el funcionamiento.

Este programa lo podéis descargar desde su página oficial, pinchando en este enlace, o bien haciendo clic en la imagen de justo debajo.

Una vez que hayáis completado la instalación, que básicamente consiste en ir haciendo clic en el botón "Siguiente", estaremos listos para la acción.

Paso 4: Escribir nuestra imagen en la tarjeta SD

Una vez que ejecutemos nuestro programa, veremos una ventana como esta. En ella, tenemos todas las herramientas que podemos utilizar en Win32DiskImager.

Nosotros, lo que vamos a hacer, va a ser buscar nuestra imagen en nuestra carpeta de descargas haciendo clic en la herramienta de buscar y vamos a hacer doble clic sobre ella.

Una vez hecho esto, vamos a seleccionar el dispositivo donde queremos escribir nuestra imagen. En mi caso, voy a seleccionar la unidad "F:", que es donde está la tarjeta microSD que he insertado en mi lector de tarjetas.

Por último, presionamos en "Write", esperamos que la barra de la parte inferior llegue a su fin y ya tendremos lista nuestra tarjeta microSD con nuestra imagen de Raspbian, lista para encenderla y comenzar a disfrutar.
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lunes, 8 de junio de 2015

Analizar oraciones (II): ¡Los 4 mejores métodos para hallar el Objeto o Complemento Directo!

Unos dicen que Bola de Dragón, otros dicen que Oliver y Benji o Doraemon, pero lo cierto y verdad es que, si nunca has oído hablar del Objeto o Complemento Directo, no has tenido infancia.

¡Es uno de los complementos verbales más importantes, se suele situar junto al verbo y, por supuesto, forma parte del predicado verbal! Es tan, tan importante, que su función es mencionar sobre qué o quién recae la acción del verbo de la oración.

Fácil, ¿no? A primera vista, sí, lo es, pero tanto si eres un experto como si no tienes ni idea, te advierto: puede ser uno de los complementos verbales más difíciles de reconocer, pues puede confundirse con algunos otros. Si no, no estarías aquí, ¿verdad?

Sin embargo, no te preocupes, aquí tenemos la solución y los mejores métodos para averiguar el Complemento Directo sin problema.

Método 1: Dejad que las preguntas se acerquen a mí


Uno de los métodos más comunes para encontrar al objeto directo en una oración es, precisamente, preguntar. Desde pequeñitos, al menos a mí, es el primero que nos enseñan y siempre nos repiten que la pregunta correcta es "¿Qué?". Ejemplo:

Jaimito vio un barco en medio de la calle

A la pregunta "¿Qué vio?", la respuesta automática es "un barco". Este método es especialmente efectivo en oraciones en las que el objeto directo es una cosa, un objeto, pero no suele funcionar cuando es una persona o cuando empieza por preposición. Ejemplo:

Jaimitio vio a Cristina muy guapa por la calle

A la pregunta "¿Qué vio?", la respuesta, un poco más forzada, podría ser "a Cristina". Sin embargo, seamos sinceros:  la pregunta que deseamos o que solemos hacer en realidad es "¿A quién?" Esto puede llevar a confusiones con el Objeto Indirecto, para quien solemos emplear esta pregunta.

Método 2: Sustituye, sustituye, que es lo que les j***.


El segundo método consiste en sustituir sintagmas del predicado verbal por los pronombres átonos "lo", "la", "los", "las".

El sintagma que podamos sustituir, total y enteramente por "lo", será el objeto directo. Es extremadamente importante recordar que deberemos ser capaces de sustituir la preposición también y que la oración, por supuesto, debe tener sentido. Si no, no será Objeto Directo. Probemos con los ejemplos anteriores:

Jaimito vio un barco en medio de la calle

Se puede sustituir perfectamente, ¿verdad?

Jaimito lo vio en medio de la calle

Probemos otra vez, ahora con el sintagma.

Jaimito vio un barco lo

Jaimito lo vio un barco

Imposible, ni siquiera cambiándolo de lugar. Pero volvamos ahora al ejemplo de Cristina:

Jaimito vio a Cristina muy guapa por la calle.

Jaimitio la vio muy guapa por la calle

Hemos podido sustituir incluso la preposición, de modo que, sin duda, "a Cristina" es el Objeto Directo. Si intentamos sustituir los otros sintagmas, la oración no tendría sentido.

Por último, podríamos tener la tentación de considerar que "a Cristina" también podría ser Objeto Indirecto, ya que puede ser sustituida por "le" y porque responde a la pregunta de "¿A quién?" Pero no debemos hacerlo, pues el Objeto Directo siempre tiene prioridad sobre el Indirecto.

Metodo 3: "Eso", un arma de doble filo.


Para finalizar la ronda, el tercer y último método es la sustitución de sintagmas por "Ese", "esa", "esos", "esas", "eso". Este método es un arma muy poderosa, pues es especialista en reconocer oraciones subordinadas sustantivas. Sin embargo, tiene truco: podemos confundir el Objeto Directo con el Sujeto si no seguimos un orden.

En primer lugar, en nuestro análisis sintáctico, debemos reconocer el Sujeto y delimitar el Predicado Verbal. Una vez lo tengamos hecho, ya podremos empezar a lidiar con el análisis del Objeto Directo. Vayamos al ejemplo de arriba:

Jaimito vio un barco en medio de la calle

Una vez sabemos que Jaimito es el Sujeto y que el resto es Predicado, debemos encontrar un sintagma DENTRO del Predicado sustituible por cualquier derivado de "eso". El único, en este caso, sería "un barco", que sería Objeto Directo.

En el caso de Cristina:

Jaimito vio a Cristina muy guapa en medio de la calle

En este caso, podemos sustituir el sintagma "a Cristina" tanto por "esa", manteniendo la preposición, y por "eso" solamente. Esta posible doble sustitución es la que nos da la clave de que, precisamente "a Cristina" y no otro sintagma tienen la función de objeto directo.

Sin más, ya solo queda no dejar de practicar un poquito hasta que os sintáis cómodos con alguno de los métodos. ¡Yo ya encontré el mío, que es el segundo!
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lunes, 1 de junio de 2015

Anécdotas romanas (XV): César el metrosexual

En política hay que lucir bien, eso está claro. Nosotros mismos, en nuestra tan querida España, lo estamos viviendo más que nunca. Tradicionalmente, el político siempre se ha visto como ese tipo bien trajeado y bien peinado, con dientes relucientes y gafas caras, llevado de aquí y allá en un buen coche. Acostumbrados a esta imagen, hay a muchos a los que no les gusta que los políticos lleven el pelo largo y colega y compren la ropa que todos compramos, la barata. César, uno de los mejores políticos que ha habido a lo largo de la historia, entendiendo la política como el arte del marketing y del engaño, lo sabía muy bien.

César pillado desprevenido para la foto
César era un hombre que no se relajaba jamás en su imagen pública. Para él, siempre que salía al estrado a dar un discurso, siempre que se presentaba ante el Senado, al dar la arenga antes de empezar una batalla, cuando iba a comprar el pan a la calle, la buena presencia era inestimable. Nos cuenta Suetonio que era de alto para la época, blanco de cara y atractivo de cara y cuerpo, de ojos negros y vivos, aunque un poco desafortunado en el pelo, ya que acusó de una temprana alopecia.

La importancia que concedía al buen aspecto le llevó a cortarse el pelo y afeitarse con bastante más asiduidad de la requerida y se hacía incluso arrancar el vello de los brazos y la espalda, cosa que le censuraron bastante en la época, como también muchos de nosotros seguimos censurando a los que lo hacen ahora.

La calvicie no la llevaba muy bien y se desesperaba con mucha frecuencia, sobre todo ante las burlas de sus amigos, sus enemigos y el pueblo romano, que aprovechaban la mínima ocasión para recordarle su poca fortuna capilar. Por eso, solía peinarse hacia delante y llevarse a la frente el poco pelo que le quedaba.
César antes de entrar al Senado


Incluso para la ropa era bastante especialito, ya que llevaba la laticlavia de una manera bastante poco ortodoxa. Por lo general, esta prenda romana se llevaba bien cogida con un cinturón y las mangas solían estar a la altura de las muñecas, pero parece ser que a Julio César le gustaban largas e incluso más anchas de lo normal. Además, este broche lo ponía más flojo, haciendo que la vestidura se abriera causando que quedara un tanto vaporosa. Tan extraña resultaba su forma de vestir, que al político Sila, dictador y competidor de César, exclamó: “Desconfiad de ese joven tan mal ceñido.”

Esta forma de ser también la llevaba al campo de batalla, como ya he dicho, y no censuraba a aquellos que deseaban hacerlo e incluso los animaba, hasta a los solados. Tanto es así, que tras una victoria, concedía que los soldados tratasen y cuidasen su cuerpo tanto como quisieran, pues los “solados, aun perfumados, podían combatir bien.”
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lunes, 25 de mayo de 2015

Analizar oraciones (I): ¡Los cuatro métodos más efectivos para reconocer el sujeto!

Como todos sabemos, para que un enunciado sea una oración, sintácticamente hablando, debe llevar un verbo. Si no lleva verbo, sería una frase (¡recuerda en esta entrada la diferencia entre oración, enunciado y frase!).

Y por culpa de esos verbos (¡¡malditos!!), la oración se divide en Sujeto y Predicado. El primero suele hacer referencia al "agente de la acción", es decir, nombra a quien realiza la acción y a veces a quien se ve afectado por ella. El segundo, nos especifica que ocurre con la acción.

A veces, aunque parezca mentira, el agente de la frase es complicado de averiguar, pero ¡no os preocupéis más! En esta entrada, contaremos los cuatro métodos más efectivos para reconocer el sujeto de la oración.

Método 1: ¡La desinencia verbal, tu amiga!


Por suerte o por desgracia, los verbos en español tienen desinencias verbales. ¿Esto qué es? Pues que tienen terminaciones diferentes. Estas terminaciones cambian según el tiempo, pero también según la persona.


Las últimas son las que nos interesan a nosotros y, para ello, lo primero que tendremos que hacer es localizar el verbo de la oración. Veamos un ejemplo:

Batman machachó a todos los malos en un santiamén.

Como podéis ver, el verbo de la oración anterior es "machacó" y su desinencia es "ó", que es la desinencia de "tercera persona del singular". Por tanto, nosotros deberemos buscar en la oración una "tercera persona del singular", que inevitablemente es "Batman".

Este método es especialmente efectivo en oraciones que tienen el sujeto omitido y que, por tanto, no se encuentra expresado en la oración. Como ejemplo:

Me robaron todo el dinero de mi hucha.

En esta oración, la desinencia es "aron", que equivale a una "tercera persona del plural". Como no hay en la oración ninguna tercera persona y plural aún menos, el sujeto debe estar omitido. Sería "Ellos".

Método 2: ¡Preguntando se llega a Roma!


Cuando vamos de viaje, puede darse el caso de no tener ni idea de dónde estamos o de no saber cómo se llega de un sitio a otro. El orgullo y la verguenza pueden, a veces, quitarnos la idea de no querer preguntar a nadie por la calle, pero aquí estamos en clase. ¡Tenemos que dejar el orgullo a un lado!

La razón es que uno de los métodos más comunes -y buenos- de averiguar quién es el sujeto de la frase es, precisamente, preguntar "quién" al verbo.

Esta pregunta es especialmente efectiva, como veis, cuando el sujeto es el individuo que realiza la acción de la oración o es quien la sufre. Ejemplo:

Jaimito estaba resfriado hasta las trancas

No me digáis que no sufre :(

Método 3: Cambia, cambia, que yo te aviso.


Este método, personalmente, me encanta, porque te ayuda a pensar en cómo funciona los engranajes del lenguaje.

En español, tenemos un fenómeno lingüístico que se llama la "concordancia", que hemos heredado del latín. La "concordancia" quiere decir que, dos palabras que tienen relación entre ellas, tienen que coincidir en género y número.

La concordancia se ve muy fácilmente entre un sustantivo y un adjetivo, por ejemplo: "niño bueno". ¿Coinciden en género y número, verdad? Porque a nadie se le ocurriría decir "niño buena"...

Bien, pues para adivinar el sujeto de una oración, nosotros lo que hacemos es cambiar de número el verbo. Si alguna otra cosa debe cambiar, eso es el sujeto. ¿Por qué? ¡¡Pues porque la concordancia debe mantenerse a toda costa!! En el ejemplo, cogemos la oración del primer método:

Batman machacó a los malos en un santiamén

Cambiamos el verbo de número.

Batman machacaron a los malos en un santiamén

¿No tiene sentido, verdad? ¿Debería cambiar algo? ¿Batman, verdad? Vamos a poner la oración en plural también.

Batman y Robin machacaron a los malos en un santiamén.

Claramente, Batman es el sujeto de la oración original. Si la oración estuviera, originalmente, en plural, lo que haríamos sería cambiarla a singular.

Método 4: Una sustitución vale más que mil preguntas


Por último, tenemos el último método, pero no por ello el menos importante. De hecho, para seros sinceros, es mi favorito.

En esta ocasión, lo que haremos será sustituir partes de la oración por "ese, esa, eso" o "esos, esas", literalmente, sin añadir preposiciones o conjunciones.
Este método es especialmente útil cuando nos encontramos con oraciones que llevan los verbos "gustar", "amar" o "encantar", verbos intransitivos -verbos que no llevan objeto directo-, o que tienen alguna oración subordinada. Aquí van algunos ejemplos:

Me encantan los huevos con patatas

En esta oración, "los huevos con patatas" puede sustituirse por "esos", ¿verdad? Además, no queda más remedio que "los huevos con patatas" sea el sujeto, pues este tipo de verbos no lleva objeto directo.

Mis primos vinieron ayer por la tarde de Barcelona

En esta ocasión, lo único sustuible es "mis primos", por lo que, de nuevo, hemos sacado el sujeto de manera bastante fácil.

El único problema de este método viene cuando nos encontramos con oraciones transitivas, es decir, oraciones que llevan Complemento Directo. Aquí, tendríamos que combinarlo con los métodos para averiguar el complemento directo y descartar.

¡Y nada más! Ahora solo queda acostumbrarse y encontrar el método que más os guste y se adapte a la oración que tenéis delante.
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lunes, 4 de mayo de 2015

Anécdotas romanas (XIV): Julio César, marido de todas las mujeres

Cuando pienso en Julio César, me imagino a un hombre creando tramas e intrigas, ambicioso en la guerra y en el poder, bailando con sus peores enemigos mientras les clava una daga en la espalda, lisonjeando a sus amigos para que le boten una vez más, ayudando al pueblo lo justo y necesario con medidas populistas… Un político “profesional”, que sabe cómo hacerse querido y hacerse grande sin mucho esfuerzo y con un carisma que avasalla y ganando todos los honores que podía ganar un romano.

Lo que nunca me pude llegar a imaginar, antes de buscar un poco más a fondo en enciclopedias y en las fuentes como Suetonio y Plutarco, es que sería un seductor tal que podríamos compararlo con su tocayo y compatriota nuestro, Julio Iglesias. No cabe la menor duda de que era una forma bastante peculiar de crear amigas… ¡y enemigos!


Sus amores más precoces y comunes fueron damas de la alta sociedad romana, entre las que el historiador Suetionio cuenta a Postumia, esposa de Servio Sulpicio Rulfo, Lollia, esposa de Aulo Gabinio, y Tertulla, esposa de Marco Licinio Craso. Para quien no los recuerde o no los conozca, hay que decir que el primero de estos señores fue un jurista de gran renombre, muy elogiado por Cicerón y amigo suyo, a quien el propio César nombró procónsul de Acaya alrededor del año 46 a.C; el segundo de ellos fue uno de los mayores artífices de la Lex Gabinia, a través de que el Senado le concediese a Pompeyo los máximos poderes para luchar contra los piratas, y la Lex Manilia, una igual pero para perseguir a Mitrídates VI, y llegó a procónsul, hasta que su carrera acabó acusado de traición, soborno y extorsión; Craso, el último de estos hombres, fue uno de los hombres más ricos de Roma de esta época y formó, junto a César y a Pompeyo, el primer triunvirato.

Sus relaciones continuaron con Servilia Cepionus, madre de Bruto, a quien luego acogería, y cuyas atenciones el chico le pagó asesinándolo en los Idus de marzo. Esta mujer fue su pasión y su locura y en Roma era un secreto a voces. El historiador Suetonio incluso refiere los distintos regalos y beneficios que le concedió, como por ejemplo una perla valorada en seis millones de sestercios o concederle pagar bajo precio por propiedades que a otros le costarían un ojo de la cara.

Esta pasión la llevaba a toda tierra que pisaba, parece ser, y en las provincias, cuando eran tiempos de guerra, los soldados le cantaban canciones que ponían de manifiesto esta pasión desenfrenada y el poco respeto que guardaba a la promesa de fidelidad para con sus esposas. Estos son los versos:

Urbani, servade uxores, moechum calvum adducimus.
Aurum in gallia effutuisti: at hic sumsisti inutuum.

En español:


Sonados también fueron sus amores con exóticas reinas del este, como fueron Eunoé, esposa del rey de Mauritania, a la que colmó de regalos, o la archifamosa Cleopatra, que fue una de sus grandes pasiones y de la que más información, en muchos casos mitos y leyendas, nos ha llegado.

Para colmo de males, y dada esta “costumbre” que César tenía, Hervio Cinna manifestó muchas veces y a muchas personas que llegó a tener una ley redactada en la que se le permitía casarse con cuantas mujeres quisiese para tener hijos.

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