30 oraciones simples para analizar (II)

Y seguimos con la tanda de análisis sintáctico, porque treinta nunca son suficientes. De hecho, aquí tienes otras treinta oraciones simples para que te hartes de analizar este verano y llegues a septiembre con la lección bien aprendida.

Recuerda que las oraciones simples tienen un solo verbo, que deberías buscar primero si quieres tener la mitad de la oración resuelta, y que no llevan nexos ni conjunciones.

Por último, los ejercicios los puedes leer directamente de esta entrada o, si no, puedes descargártelos de Scribd.


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30 ejercicios de oraciones simples para analizar

¡La entrada de hoy no puede ser más práctica! ¡Solo ejercicios! Y la verdad es que no son pocos, nada más y nada menos que 30 ejercicios de oraciones simples... ¡para analizar!

En este pdf están todas y cada una de estas bonitas y preciosas oraciones, que bien puedes leer aquí mismo o descargar de Scribd.

Solo una cosa antes de comenzar: recuerda que las oraciones simples no tienne nexos ni, por tanto, conjunciones, y que solamente tienen un verbo.

De hecho, ¡búscalo primero y tendrás la oración prácticamente resuelta! El resto viene solo, ya verás.


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30 ejercicios de oraciones subordinadas adjetivas

En la entrada de hoy, presentamos una hoja con treinta oraciones subordinadas adjetivas para analizar.

Las oraciones adjetivas parecen ser uno de los tipos de oraciones más sencillos, pero no te dejes engañar. ¡Pueden complicarse mucho si no detectamos bien el nexo!

Para detectarlo bien, hay que tener siempre en la cabeza que tendrá la forma de un pronombre relativo "qué" o "quién", que puede ir acompañado de preposición, o bien un participio.

Por último, para asegurarnos de que hemos encontrado la subordinada correcta, intenta sustituir la subordinada por un adjetivo. Si tiene sentido, habrás dado en el clavo.

Sin más, aquí está la hoja, que puedes descargar desde Scribd.


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Anécdotas romanas (XVI): César y la cena de los dos mil hombres

Ser un dictador que ha conseguido su poder gracias al abuso de la fuerza debe suponer una ardua tarea. Imagínate la cantidad de gente que tienes que comprar o acallar o piensa en la cantidad de regalos y dádivas que tienes que hacer para mantener a los que ya te quieren contentos. Y no olvides la tarea de luchar contra la desconfianza de todos los que te rodean y desechar los pensamientos de que seguramente querrán quitarte del medio, bien por envidia o bien porque no están de acuerdo con lo que haces.

En estas andaba César tras llevar la Guerra Civil a Roma, arrasar con su amiguísimo enemigo Pompeyo, conseguir ser nombrado dictador perpetuo y, encima, terminar por matar a los hijos de aquél, que aún se le oponían. Corría el año 45 a.C. y no podía quitarse esa obsesión de la cabeza cuando, para rematar la faena, Cicerón le invitó a una cena.

Sí, Cicerón, el famosísimo orador, el mismo que había salvado a Roma de la desgracia de la conjuración de Catilina y aún era considerado un héroe por el pueblo romano. Un miembro del partido contrario, de los optimates, que no ocultaban su preferencia por las políticas que favorecían al Senado, al contrario que el partido de César, los populares. A César, inevitablemente, le saltaron todas las alarmas.

La cena debía celebrarse en diciembre de ese mismo año en víspera de las fiestas Saturnales, una de las más importantes en la sociedad romana y de la que nuestra Navidad cristiana ha bebido mucho, y debían reunirse en la villa de Cicerón.

César estaba pasando unos días, para alejarse de la ciudad por el ajetreo de las fiestas –entiéndase “ajetreo” como agitación política y posibles sublevaciones-, en la residencia que Cayo Octavio –más conocido como Augusto- tenía en Puteoli, hoy Pozzuoli, y como acompañantes se había llevado a nada más y nada menos que a dos mil hombres como escolta… Imaginaos lo claro que tenía que su vida acabaría a cuchillo.



Ante esta invitación, ni corto ni perezoso, se llevó con él a esta escolta y, cuando llegaron, cuenta Cicerón que hicieron falta tres salones para recibir a César y su séquito. Sin embargo, a pesar de esta incomodidad, la cena fue un gran éxito para el orador, ya que ambos comieron y bebieron hasta la saciedad y hablaron solo de temas sublimes y agradables, es decir, de literatura.
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Tutorial Raspberry PI (II): Backup de Raspberry Pi

Si en la entrada anterior hacíamos un tutorial sobre cómo instalar Raspbian desde Windows 7 en nuestra Raspberry Pi, hoy vamos a continuar nuestros tutoriales sobre cómo hacer un backup o copia de seguridad.

Puede parecer que no, pero hacer una copia de seguridad de un sistema operativo funcionando al 100% puede resolver muchos quebraderos de cabeza si surge algún problema con nuestra máquina. Además, recuperar una copia de seguridad óptima, siempre, ¡siempre!, es mejor que formatear.

¿Por qué? Pues porque la copia de seguridad la puedes hacer en el punto en que tú quieras. Por ejemplo, podrías hacerla una vez que tengas todos los drivers y programas que vas a usar y, de esta manera, puedes recuperar tu ordenador desde ese punto.

Si tuveras que formatear, obligatoriamente tendrías que hacerlo todo desde la más absoluta nada, y eso es mucho tiempo.

Pero vayamos al lío y comencemos con los pasos de este tutorial.

Paso 1: Descargar e instalar Win32DiskImager


Hasta la fecha, esta es la mejor herramienta, para mi gusto, para hacer una copia de seguridad de una tarjeta microSD. No solo es rápida y eficaz, sino que también ocupa poquísimo, no consume muchos recursos y, además, es gratuita.

Para descargarla, una de las maneras es la de ir a la página oficial y, de paso, visitar otros recursos que hay por allí. Si tenéis prisa, también podéis hacerlo haciendo clic en la imagen de abajo.

Una vez descargada, hay que proceder a instalarla. El proceso es tan sencillo como ejecutar el archivo haciendo doble clic y, a continuación, pulsar "Siguiente" hasta que el proceso acabe.

Paso 2: Preparar nuestra tarjeta microSD


Como es lógico, necesitamos el dispositivo de almacenamiento del que vamos a hacer una copia de seguridad. En el caso de nuestra Raspberry Pi, será una microSD, a la que necesitaremos poner dentro del adaptador para poder insertarla dentro del lector de tarjetas.

Muy importante es comprobar la unidad que nuestro ordenador ha asignado a la microSD. Esto se puede comprobar en Inicio > Equipo. En mi caso, es la unidad "F:".

Paso 3: Leer nuestra tarjeta y crear una imagen de disco.

Una vez que tengamos nuestra tarjeta en el lector de tarjetas y el Win32DiskImager abierto, lo que tenemos que hacer es seleccionar la unidad que vamos a leer.

Para ello, hay que hacer clic en el recuadro señalado en rojo y pulsar en nuestra unidad en el desplegable.

En segundo lugar, deberíamos seleccionar una ruta para guardar esta imagen. Para ello, hacemos clic en la carpetita azul y ahí usamos la carpeta que queramos. En mi caso, la voy a guardar en el escritorio y le voy a poner de nombre "Raspicopia 300615". De este modo, tenemos la imagen localizada perfectamente y con la fecha del día que la hicimos.

¡Y nada más! Si alguna vez queréis recuperar esta copia de seguridad, los pasos son sencillísimos y los podéis consultar en la entrada anterior.
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Tutorial Raspberry Pi (I): Instalar Raspbian desde Windows 7

En mi humilde opinión, creo que la Raspberry Pi es uno de los mejores dispositivos que pueden adaptarse a la labor de un docente.

Es un dispositivo ligero y portatil que cabe en la palma de tu mano, trabaja con la agilidad de cualquier pc si no le exigimos más de lo que puede dar, emplea distribuciones de software libre y, además, tiene un precio buenísimo para las prestaciones que da. Yo ya me lo llevo a todas partes, pues, gracias a su entrada de cable HDMI, puedo enchufar a cualquier proyector, televisor o monitor.

Sin embargo, la instalación y configuración del sistema operativo puede ser un poco aparatosa para aquellos que no estén acostumbrados a Linux. Por eso, vamos a hacer una serie de tutoriales sobre Raspberry Pi que nos ayudarán a ponerla a punto.

Paso 1: Elegir y descargar tu sistema operativo


Después de probar algunos sistemas operativos y descartarlos por razones varias, me quedo con Raspbian, que es una distribución basada en Debian específica para Raspberry Pi.

No solo no tiene nada que envidiarle a otras distribuciones de Linux en cuanto a estabilidad, rapidez y agilidad, sino que también podemos acceder a los mismos repositorios y aplicaciones que otras distrubuciones.

Sin embargo, la mayor ventaja radica en que podemos hacer uso de un repositorio específico de aplicaciones repacionadas con Raspberry Pi. Esto como docentes nos viene de maravilla, pues, para quien no lo recuerde o lo sepa, Raspberry Pi nació con el principio educativo como base, y son muchos los recursos que ven la luz cada día relacionados con nuestra profesión.

Así pues, si al final os he convencido y queréis instalar Raspbian, el primer paso es descargarlo. Para ello, podéis visitar la siguiente página de la fundación Raspberry y descargarlo desde aquí.

Si no, desde las imágenes de abajo podéis descargar Raspbian a través de Torrent o de descarga directa. Mi recomendación es que lo hagáis por Torrent, es más rápido y fiable.

Paso 2: Preparar nuestra tarjeta microSD


Raspberry Pi para funcionar necesita una tarjeta microSD. Esta tarjeta hará las veces de disco duro y ahí tendremos todos nuestros archivos, incluidos el sistema operativo. Es por eso que necesitamos una tarjeta fiable, robusta y, sobre todo, rápida, para que pueda leer y escribir rápido y nuestra máquina no vaya demasiado lenta.

Las tarjetas más recomendadas para Raspberry Pi son de clase diez, que tienen una relación precio-calidad excelente en cualquier tienda online, y que tienen una velocidad apropiada para nuestros propósitos. En cuanto a la marca, personalmente, solo he trabajado con Kingston y Sandisk y me han dado buenos resultados.

Pero eso no es todo, recordad que, para trabajar con estas tarjetas, necesitaremos introducirlas en un lector de tarjetas, por lo que necesitaremos un adaptador. Si podéis, comprad una tarjeta que traiga ya un adaptador, ya que ahorrará complicaciones. Si tenéis uno y veis una buena oferta, también podéis comprarla por separado.

Cuando tengamos la tarjeta en nuestro adaptador, la introducimos en el lector de tarjetas y comprobamos qué unidad es. Esto lo podemos ver en la herramienta "Equipo" de Windows.

Paso 3: Descargar e instalar Win32DiskImager


Este sencillísimo programa es la pieza clave de nuestra instalación. Él será quien nos permita insertar nuestra imagen en la tarjeta SD y dejarla lista para el funcionamiento.

Este programa lo podéis descargar desde su página oficial, pinchando en este enlace, o bien haciendo clic en la imagen de justo debajo.

Una vez que hayáis completado la instalación, que básicamente consiste en ir haciendo clic en el botón "Siguiente", estaremos listos para la acción.

Paso 4: Escribir nuestra imagen en la tarjeta SD

Una vez que ejecutemos nuestro programa, veremos una ventana como esta. En ella, tenemos todas las herramientas que podemos utilizar en Win32DiskImager.

Nosotros, lo que vamos a hacer, va a ser buscar nuestra imagen en nuestra carpeta de descargas haciendo clic en la herramienta de buscar y vamos a hacer doble clic sobre ella.

Una vez hecho esto, vamos a seleccionar el dispositivo donde queremos escribir nuestra imagen. En mi caso, voy a seleccionar la unidad "F:", que es donde está la tarjeta microSD que he insertado en mi lector de tarjetas.

Por último, presionamos en "Write", esperamos que la barra de la parte inferior llegue a su fin y ya tendremos lista nuestra tarjeta microSD con nuestra imagen de Raspbian, lista para encenderla y comenzar a disfrutar.
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