lunes, 2 de marzo de 2015

Anécdotas romanas (XII): César Augusto y la Cámara Secreta

La pequeña ciudad de Velletri, un pequeño pueblo costero del centro de la península Italia, no supo, hasta casi tres décadas después, que en un momento de la historia acogió el nacimiento del que sería el primer Emperador de Roma.

Allí se remontaba la familia del que nacería bajo el nombre de * y que luego sería conocido simplemente como Augusto. Allí se escapaban, cada vez que podían, de los bullicios y los negocios de la Ciudad eterna.

Así, presumiblemente, muchos soles vio apagarse Augusto entre aquellas colinas y entre aquellas costas y tomó sus primeros alimentos entre las paredes de la casona que su familia había heredado de sus antepasados, que gozaban de la comodidad económica propia de su orden, el ecuestre.

Con el tiempo, toda la familia se mudó y los deberes de gobierno ataron al Emperador a la capital, por lo que la casa se puso en venta. Sin embargo, Augusto estuvo tocado por el hado, el destino, antes de su nacimiento, y algunos sitios en los que pasó gran parte de su vida se consideraban sagrados.

Uno de ellos, puesto que había sido el lugar donde había tomado sus primeras comidas, fue la pequeña cámara donde le lactaron. En los alrededores también se creía que había nacido allí, aunque muchos historiadores dicen que probablemente naciera en Roma.

En esta cámara, nos cuenta Suetonio, no era posible entrar a menos que fuese por extrema necesidad y con el mayor respecto, sin la intención de dañar la vivienda o la memoria del Emperador, ya que, si esto sucediera, el asaltante se vería fatigado por una mezcla de horror y de temor inexplicables. Así se creía y así se confirmó mediante el siguiente hecho.

Un día, después de que se vendiera la vivienda, el nuevo propietario intentó acostarse dentro de su nueva casa y en concreto en esta pequeña habitación. Inexplicablemente, al poco tiempo una fuerza sin nombre lo lanzó contra el techo y después lo arrojó delante de la puerta de la casa.


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lunes, 2 de febrero de 2015

Anécdotas romanas (XI): César, Escipión Salución y el oráculo de los dioses

La tradición nos ha transmitido algunas frases y acciones de Julio César en la que se le ve como un descreído de la religión. Esto incluye, por supuesto, la devoción hacia los dioses o ser un practicante activo de la misma.

Sin embargo, la religión romana es un tema muy interesante y bastante complicado y, si muchas veces nosotros mismos nos santiguamos, aunque sea solo por si acaso, los romanos trataban ciertos aspectos también de la misma manera.

En esta ocasión, el implicado en este “por si acaso” es, claro está, César y la anécdota que vamos a contar ocurrió un tiempo después de haber muerto Pompeyo, su gran enemigo y amigo.

La acción transcurre todavía en África. César asola aquellas tierras llenas de calor y de arena en una persecución incansable contra los que se opusieron a que él fuera cónsul por segunda vez, provocándole así a suscitar a las masas romanas en una Guerra Civil por el poder.

Sus enemigos, Catón y Escipión, no se dejan coger y presentan batallas aquí y allá, defendiendo el poco territorio que les queda y rechazando, con esfuerzo, las legiones cesarianas en algunos escenarios e incluso provocándole un gran traspiés en Ruspina.

Dicen las lenguas que la razón es que los escipiones, en concreto aquellos bajo el cognomen “Africano”, nunca podrán ser derrotados en la tierra que les dio aquel nombre. Y aunque pueda parecer mentira, este hecho agobiaba Julio César y comenzaba a desesperarlo.

Tanto es así que cuenta Plutarco en sus Vidas paralelas que el general reclutó para sus filas a un ciudadano que se llamaba Escipión Salución, y que tenía parientes entre la familia de los Africanos, por lo que esperaba que ese oráculo lo tuviera también de su parte.

Cuenta el historiador que no sabe si esto lo hizo para burlarse de Escipión y hacer que aquel no contara con el oráculo o si lo quiso hacer, realmente, por tener a los dioses de su parte, pero lo que está más que claro es que este Salución iba al primero en todas y cada una de sus batallas.

Así, aunque no era general, lo mandaba por delante de todos los soldados, mandándole provocar al ejército enemigo y hacer que entablaran batalla bajo el pretexto de que se acababan las provisiones y la guerra debía acabar con toda la celeridad posible.

Fuentes: 

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lunes, 26 de enero de 2015

Exámenes de selectividad de Griego de Andalucía por curso

Seguimos con la reactivación post-navideña, después de haber gozado, quizá, de un poco demasiado de vino y haber disfrutado de algún que otro "simposio", de los cuales los antiguos griegos eran más que expertos

Les ponías una copita y una buena mesa acompañada de una conversación intrínseca, y acudían como moscas a la miel. Así, como era inevitable, la lengua compañera del latín en el viaje de las humanidades no podía quedarse atrás.

Por eso hoy, en esta entrada, no queda más remedio que hacer una "pequeña" recopilación de exámenes de la materia de Griego, a la que se puede optar en selectividad. No he podido encontrar exámenes más antiguos que los de 2005, pero seguiré buscando a ver si puedo encontrar alguno más.

En cada uno de estos enlaces, igual que con los exámenes de latín, encontraréis un archivo comprimido que contiene los exámenes de cada convocatoria (junio y septiembre) y con las varias opciones.


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lunes, 19 de enero de 2015

Exámenes de selectividad de Latín de Andalucía por curso

Ya hemos vuelto de Navidades, el cuerpo comienza a asentarse después del atracón de vacaciones y de dulces y el cerebro comienza a reactivarse, poco a poco, a base de Salustio, César y otros autores y oraciones latinas para analizar.

Y ningún momento es bueno, pero conviene recordar que el enemigo se encuentra a la vuelta de la esquina y el temido mes de junio está cada vez más cerca, mirando con ojos enconados. Por eso, esta entrada está dedicada única y exclusivamente a ese enemigo, que este curso se encarna en la Selectividad.

Para superarlo, no cabe ninguna duda de que, por encima de todo, tendremos que estudiar, pero la potencia sin control no sirve de nada. Podrás estudiar doce horas diarias, beberte los diccionarios de latín, ser un hacha en la sintaxis, conocer más etimologías que un lingüista, pero el mejor método para vencer a un contrincante es conocerlo.

¿Cómo conocemos nosotros a la selectividad? Enfrentándonos a pruebas reales. En este caso, nada mejor que exámenes de selectividad de cursos anteriores.

En cada uno de los cursos, se encuentra un archivo comprimido que podéis descargar y que contiene los exámenes de las convocatorias de junio y de septiembre de esos años, listos para imprimir y hacer en clase.

¡Que los dioses os sean favorables!


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lunes, 12 de enero de 2015

Anécdotas romanas (X): César supo honrar a Pompeyo, su enemigo íntimo

César y Pompeyo siempre tuvieron una relación de amor odio que duró hasta la muerte del segundo. Fueron amigos muchas veces, pero también enemigos muchas otras. Incluso pasaron por ser familia, ya que el segundo fue yerno del primero.

En política, también hicieron juntos muchas cosas, pero también deshicieron muchas. Se enfrentaron gran cantidad de veces en el Senado, puesto que cada uno pertenecía a bandos e ideas políticas diferentes. César pertenecía a la facción de los populares –se suele resumir diciendo que eran de corte más progresista-, mientras que Pompeyo pertenecía a los optimates –más conservadores-.

Pero juntos también tomaron el poder de Roma y gobernaron la Ciudad en grupo junto con su compañero Craso. Así, se formó el Primer Triunvirato, esto es, que el gobierno de Roma pasara de estar en manos de los cónsules a uno grupo de tres personas.

Así, como os podéis imaginar, su relación era bastante estrecha. Tan, tan estrecha que, al final, la vida les llevó a pelearse también en la llamada Guerra Civil, que marcó un antes y un después en la historia romana.

Sin embargo, lo que nos interesa contar en este libro de este encuentro es que, tras muchos meses de mucho sufrimiento, perseguido hasta la saciedad por las legiones de César y, al final, perdiendo incluso el apoyo del Senado tomado por su enemigo, Pompeyo tuvo que huir a Egipto para buscar refugio.

Allí viajó con una pequeña flota y pidió protección al faraón Ptolomeo XIII. Entonces, tras enviar a sus emisarios y aguardando en su barco una decisión, los consejeros decidieron que el hombre no merecía su preocupación, ya que el mismísimo César estaba en ruta hacia Egipto para capturarlo. Fue por eso que Pontino, uno de los consejeros del rey, presionó para que fueran ellos los que le sirvieran Pompeyo a César en bandeja de plata. Y así lo hicieron, casi literalmente.

Plutarco cuenta que el 28 de septiembre del 48 a.C., tras dos o tres días de deliberación, una barquita egipcia fue al encuentro de la flota romana donde se había guarecido Pompeyo. En esta barca se montó el triunviro con la esperanza de encontrar una respuesta afirmativa a sus súplicas al llegar a la otra orilla, pero cuando se levantó para desembarcar y saludar a las autoridades egipcias, la muerte le cogió por sorpresa.

Así, fue apuñalado hasta la muerte por sus compañeros Aquilas, Septimio y Salvio el día después de su quincuagésimo noveno. Acto seguido, los egipcios le cortaron la cabeza y le arrancaron su sello del dedo. El cuerpo lo dejaron tirado en la orilla y tuvo que ser Filipo, un leal liberto, quien lo quemara sobre las planchas de una barca pesquera.

Con la esperanza de ganarse su favor, Ptolomeo XIII le presentó estos “regalos” a César cuando este llegó a Egipto. Se cuenta que al ver de esta manera a su “enemigo íntimo”, el romano no pudo contener las lágrimas a la vez que lamentaba el gran insulto que habían cometido contra Pompeyo.

Por esta razón, mandó castigar a sus conspiradores y asesinos y, con el tiempo, depuso al faraón del trono para nombrar mandataria a su hermana, la archiconocida Cleopatra. La cabeza recuperada mandó que fuera enterrada en el Nemeseión, un templo en honor a la diosa Némesis que el mismo César mandó construir con la idea de honrar a Pompeyo.

Fuentes: 

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lunes, 8 de diciembre de 2014

Cuadernillos de repaso: Segunda declinación griega

Hoy continuamos con nuestra serie de cuadernillos de repaso de las declinaciones griegas. En esta ocasión, tratamos la Segunda declinación.

Como en el cuadernillo anterior, vamos a seguir el esquema de tres tipos de ejercicios.

En la primera parte, tendremos que declinar una serie de palabras que obedecen a distintos paradigmas que se pueden encontrar en la Segunda declinación griega. De esta manera, practicaremos algunas alternativas en la declinación y, además, afianzaremos las terminaciones en nuestra cabeza.

A continuación, tendremos que practicar la acentuación de las palabras que hemos declinado. Para ello, como la vez anterior, conviene tener en cuenta las reglas de acentuación griega o comprobar la entrada donde se explican.

Finalmente, para reunir toda la teoría en un único sitio y poder releerla de un solo vistazo, tendremos que contestar a una serie de preguntas.




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